29 de marzo de 2012

Rexnata - II Capítulo: Dominada

Las luces de las farolas se reflejaban en las gafas de Fran, lo que hacía que Rex no pudiera ver sus ojos con claridad y no sabía si iba en serio con su proposición.

—¿Va en serio?... ¿me estás pidiendo sexo?
—Vamos Rex, no vayas de niña buena después de lo que acabo de ver.
—No tengo por norma acostarme con los clientes.
—Mira tú por donde, yo tampoco; pero contigo supe hacer una excepción.
—De eso han pasado dos años y tú acababas de llegar de Colombia.
—Me volveré a ir en una semana y no creo que vuelva a España.
—¿Qué ha pasado?
—Mi padre está enfermo, y si muere tendré que quedarme para ayudar a mi madre.
—Lo siento.
—¿El qué?, ¿qué me vaya o lo de mi padre?
—Lo de tu padre, tú me importas una mierda.
—Está bien, entonces me iré.  —Fran dio media vuelta y comenzó a caminar.
—Bien.

Rex se quedó allí parada, viendo como Fran se alejaba y de repente se arrepintió de sus palabras. Se había montado una historia muy diferente en su cabeza, se había imaginado que Fran quería chantajearla con descubrir su identidad a cambio de sexo. Y ahora que sabía que no había sido así, quería disculparse.

—¿No vas a amenazarme?
—¿Cómo? —dijo Fran dándose la vuelta para ver a Rex de la que se había alejado varios metros.
—¿No viniste a verme aquí para eso?
—Ya sabes a por lo que vine. —dijo Fran mientras se acercaba a Rex.
—Lo siento, pensaba que querías chantajearme con lo de mi trabajo.
—Idiota. —dijo Fran con una sonrisa y acercándose los pocos metros que le separaban de ella y besándola apasionadamente.

Sus labios chocaron deprisa y él la acercó a su cuerpo con dulzura. Ambos tomaron aire por la nariz y empezaron a abrir los labios, dejando escapar algún pequeño suspiro. En ese momento se desató la pasión y sus lenguas salieron en busca de la lengua del otro. Rex agarraba con fuerza el poco pelo de Fran y él la abrazaba con más intensidad a medida que ella se ponía de puntillas para llegar mejor. El beso fue largo e intenso, pero los dos querían más, mucho más.

—Vamos a tu casa. —propuso Rex.
—¿Por qué no a la tuya?
—No quiero que sepas donde vivo
—Ni yo quiero que desconfíes de mí. —contestó Fran algo molesto.
—No desconfío.
—Como quieras, vamos andando que está cerca.

A cada paso que daba Rex sentía que su coraza se debilitaba. No podía seguir caminando sin dejar salir a la chica dulce y tierna que llevaba por dentro, sin dejar salir a Renata. Se controló como pudo al ver que ya quedaba menos. Era verdad eso de que la casa de Fran estaba cerca, más de lo que ella se había imaginado.

—¿Es la primera vez que vienes aquí? —preguntó Rex.
—Sí, tuve lo que se conoce como la suerte del principiante al encontrarte a ti.
—Ya... ¿en serio es la primera vez?
—¿Qué quieres decir?
—Hombre, tienes un local de striptease al cruzar la calle... ¿y nunca habías venido?
—Te he dicho que no.
—¿Y por qué viniste hoy?
—Para darme una buena despedida en España... y parece que lo voy a conseguir.
—Eso tenlo por seguro. —sentenció Rex muy segura de sí misma.

Ya estaban delante de la puerta de un edificio azul oscuro con las ventanas en aluminio blanco. Realmente era bonito, pero le gustó más lo que vio por dentro. Las escaleras estaban totalmente limpias y olía bastante bien. Se notaba que en aquel edificio tenían un buen servicio de limpieza.

Fran llamó al ascensor mientras Rex inspecionaba con la mirada cada rincón. El ascensor llegó y se abrió ante ellos. La luz de dentro era tenue y aunque no tenía música de fondo, recordaba a los de las películas: anchos, iluminados y con espejos a cada lado.

Rex aprovechó el detalle de los espejos para mirarse y comprobar que seguía impecable. Se acarició el pelo para colocárselo luego detrás de la oreja y sonrió al ver que Fran la miraba con más ternura que deseo.

Se bajaron del ascensor, primero Rex y luego Fran que sacó las llaves de su bolsillo izquierdo del pantalón y abrió con cuidado, para no hacer ruido y no molestar a sus vecinos.

Entraron, la casa también olía bien, para sorpresa de Rex. Había un comedor a la izquierda con una amplia mesa de madera. Detrás de ella, un armario donde se guardaba la vajilla y las cosas típicas. Frente a ella, una pecera llena de agua, pero sin peces. A la derecha la cocina, puertas blancas y encimera gris. Pero lo importante estaba al entrar en el pasillo.

Una habitación de invitados que Fran tenía cerrada; el baño con azulejos azules y con una bañera enorme; y por último, la habitación principal.

—¿No tienes salón?
—Era el comedor.
—¿Lo has decorado tú todo?
—¿Has venido a ver cómo tengo mi casa o...? —Rex le cortó.
—Sí, he venido a eso último que ibas a decir, pero calla.
—Entra. —le ordenó Fran haciendo un gesto con la mano que indicaba que debía pasar.

Rex entró obediente y sonrió al ver la cama donde iban a pasar la noche. La primera vez lo hicieron sobre la camilla de tatuajes, en el local de tatuajes. Pero esta vez sería diferente.

Fran, al ser su casa y tener confianza en sí mismo de sobra, se quitó la camiseta nada más entrar en la habitación. Unos pectorales perfectamente marcados, una piel morena y atractiva a más no poder que Rex no dudó en tocar. Era suave, delicada y cálida.

Aprovechando el acercamiento de Rex, Fran le besó la frente y la abrazó cariñosamente mientras le subía la camiseta por la espalda. Rex se separó para que Fran le terminara de quitar la camiseta negra de lentejuelas que llevaba. Su espalda delgada, blanca y llena de pequeños lunares negros le hechizaba. En realidad, todo su cuerpo le volvía loco. Y a ella el de él.

Los recuerdos de la primera vez que se vieron le llegaron a ambos a la mente.

—He terminado el tatuaje, ¿quieres verlo?
—Sí, claro.
—¿Por qué el símbolo de Leo?
—Para recordarme que debo ser fuerte en esta nueva etapa de mi vida.
—¿Y la flor?
—Para no olvidarme de quién soy.
—Parece una historia triste.
—Lo es, en parte.
—¿En parte?
—Pudo haber sido peor, yo impedí que lo fuera.
—No te sigo.
—Ocurrió algo, hace muy pocos meses, una desgracia. Yo tuve que trabajar para sacar adelante a mis padres, gracias a ese dinero más todos los ahorros que teníamos, logré salvarles. Ahora no tenemos  nada.
En ese momento Fran se quedó callado y ella lo besó. Sintió el impulso de hacerlo y no quería seguir hablando de aquella desgracia. Él le correspondió el beso y acabaron haciéndolo sobre la camilla de tatuajes. La puerta del local cerrada y las luces apagadas para que nadie pudiera mirar desde fuera. Era de noche, ya no había clientes y pudieron quedarse hasta la madrugada abrazados en la camilla contándose sus vidas.

Pero esta vez sería diferente, esta vez sería mucho más romántico. Una casa y no un local de tatuajes; una cama de matrimonio y no una camilla estrecha e incómoda; y lo más importante para Rex, que todo estaba limpio. Era una maniática de la limpieza y más si se trataba del lugar donde iba a tener sexo.

Fran deslizó sus manos por el cuello de Rex, las bajó hasta sus pechos y los acarició aún con el sujetador puesto. Se lo desabrochó con maestría en un segundo. Rex sonrió y bajó los brazos para que el sujetador cayera al suelo. Fran tomó una mano de Rex y la llevó a su pecho, ella cerró los ojos y dejó que él la guiara. Fran deslizo la mano de Rex por su pecho hasta llegar a su ombligo y cuando la miró para saber si estaba preparada, la encontró sonriendo con los ojos cerrados. No dudó en seguir bajando esa mano hasta dejarla en su abultado paquete.

Rex abrió los ojos de repente. No sabía si había crecido o la recordaba más pequeña, pero sin duda se sorprendió. Fran no pudo reprimir una sonrisilla pícara al ver la cara de asombro de Rex y la tumbó en la cama. Se acostó sobre ella y le besó el cuello con delicadeza, para no hacerle daño con la barba de tres días que tenía. Bajó del cuello hasta sus pechos y se detuvo largo tiempo en ellos.

—No tardes tanto.
—¿Qué?
—Que me desnudes ya, me vas a matar.
—Qué impaciente...
—¡Ya!, ¡Hazlo!

Fran sonrió al ver como Rex le suplicaba que la desnudara. Así lo hizo. Le desabrochó los dos botones de su pantalón vaquero y le bajó la pequeña cremallera. Le costó un poco quitarle los pantalones, porque eran muy ajustados y Rex tenía las piernas pegajosas por la crema hidratante que se había echado antes de salir del camerino y por el sudor. Cuando le logró quitar el dichoso pantalón, dejó al descubierto un pequeño tanga. Acarició el encaje haciendo que Rex suspirara e hiciera una mueca de desesperación. Lo que Fran comprendió perfectamente y le bajó el tanga en un segundo. Rex volvió a suspirar de alivio y de placer cuando vio a donde se estaba acercando Fran.

Le abrió las piernas y comenzó a lamer. Rex no pudo reprimir un pequeño grito de placer que hizo que Fran lamiera con más rapidez. Jamás había sentido eso, en su primera y única relación sexual, todo había sido diferente. Esta vez Fran se tomaba su tiempo, la hacía disfrutar y no se preocupaba de sus orgasmos, sino de los de ella. No podía creerse que pudiera sentirse tan dominada por un hombre, ella, la que los dominaba a todos con sus bailes, estaba siendo dominada ahora por uno de ellos. Fran quería verla gozar y lo estaba consiguiendo con cada movimiento de su lengua. Sabía perfectamente donde le causaría mayor placer y sabía también cómo intensificarlo. Y al hacerlo, Rex no tardó nada en llegar al orgasmo. Gritó de placer y dejó que sus piernas se contrajeran mientras apartaba la cabeza de Fran que no quería dejar de lamer.

—Y yo intentado no hacer ruido con las llaves al llegar.
—Lo siento por tus vecinos, pero eres increíble, ¿qué fue eso que hiciste al final?
—Secreto.
—Venga, dímelo.
—Otro día, ahora me toca a mí.
—¿No vas a esperar a que recupere el aliento?
—No puedo esperar.

Fran se levantó de la cama para quitarse mejor los pantalones y Rex sonrió de nuevo imaginando lo que iba a hacer. Se sentó en la cama y le ayudó a bajarse los pantalones. Rex soltó una carcajada al ver los calzoncillos, eran de Superman. Un hombre de casi treinta años con calzoncillos de Superman. Se recuperó de la risa que le había entrado y abrió la boca para hacer gemir a Fran tanto o más de lo que él había hecho con ella. Fran le puso una de sus manos en la cabeza para dirigir mejor la boca de Rex, pero a ella no le gustó y le apartó la mano. Era un gesto algo desagradable, se sentía como lo que nunca había querido ser desde que trabajaba en el local, como una puta.

Pasaron unos minutos y Rex se comenzaba a cansar, le dolía la mandíbula y Fran no parecía tener ganas de terminar. Así que apartó su boca y se dejó caer hacia atrás, se dio media vuelta y levantó las piernas. Dejó que Fran las levantara un poco más y se acercara a ella para hacer la postura conocida como "La carretilla". Cogió un condón de su mesilla de noche y comenzó a penetrarla.

Nada más hacerlo Fran comenzó a gemir, Rex sonrió y pensó que quizá le faltaba práctica con lo de antes hasta hacerlo tan bien como lo había hecho Fran con ella. En ese momento no pudo evitar pensar con cuántas mujeres no habría necesitado practicar Fran para hacerlo así de bien e inmediatamente sintió celos de todas ellas.

Olvidó sus celos para concentrarse en el placer que estaba sintiendo y cuando notó que Fran se acercaba a su espalda y metía una mano entre sus piernas para tocarla mientras la penetraba, no pudo contener su segundo orgasmo. Y justo en ese momento, cuando Fran sintió las contracciones de Rex, tomó un poco de aire y se corrió mientras la rodeaba con sus brazos y expulsaba el aire que había retenido en sus pulmones.

Rex se levantó y le acompañó al baño que tanto quería estrenar. Le hacía ilusión bañarse en una bañera tan grande. La llenó de agua mientras Fran se lavaba los dientes y luego ella enjuagó su boca con enjuague bucal. Echaron jabón en el agua para hacer espuma y encendieron unas velas que había en un armario. Un ambiente demasiado romántico para dos personas que hacía dos años que no se veían y que muy pronto tendrían que despedirse. Y allí, en aquella enorme bañera, se abrazaron y se hicieron caricias mientras se besaban.

4 comentarios:

  1. Oy qué caliente todo! Voy a por el siguiente! jajaja

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  2. mee encantóooo!! very hot ;) como engancha la historia eeh!

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    1. Very hot dice xDDD La verdad es que me dio mucha vergüenza escribirlo, pero bueno, como puedo controlar quién lee esto y quién no, no importa. Jajaja.

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Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

¡Gracias!