17 de abril de 2012

Rexnata - Epílogo

La ciudad en la que se encuentra ahora Renata no se parece en nada a lo que había visto hasta ahora. Los muros de las casas estaban agrietados y parecía que pronto se iban a caer. Muchas de las carreteras no estaban asfaltadas y había niños jugando en una plaza con una pelota hecha de papel y cinta adhesiva. El paisaje era desolador, miraras donde miraras, solo se veía pobreza. Así era el pueblo dónde se crió Fran y donde todavía siguen viviendo sus padres.

Ese viaje tan poco romántico lo habían hecho con la esperanza de convercer a Julio y Paca, los padres de Fran. Eran unos señores muy amables y cariñosos. Estaban encantados al ver a su hijo con una pareja estable como Renata. Pero temían abandonar el lugar que les había visto nacer a ellos y a sus hijos para ir a otro lugar, según ellos, peor. Pero Fran logró convencerles de que hicieran un viaje de visita a España y que luego ya decidirían qué hacer. Y así los padres de Fran, por fin aceptaron.

Había pasado cinco años ya desde que Fran y Renata se habían vuelto a ver. Cinco años también que Renata trabaja como dependienta en una tienda de cosméticos y cinco años también que Fran y Renata son padres.

Todo ocurrió muy rápido. Renata viajó con su madre a Madrid para operarla y después de tres semanas allí, volvió con su madre totalmente recuperada. El dinero había servido no solo para la operación sino también para una intensa rehabilitación. La pobre Natalia ahora podía caminar y tener la vida que el accidente de tráfico le robó. Sobraba tanto dinero que Renata dividió su parte con Thaïs, como lo hacía en el local.

Thaïs, ganó el juicio por la custodia de su hijo y se mudó de casa para que su ex marido no la volviera a molestar. Con la ayuda de Rex, consiguió trabajo como recepcionista en un hotel de la cuidad en el que ganaba lo suficiente como para dejar el negocio de Pam.

Renata se fue a vivir a casa de Fran, que era mucho más grande y bonita. Adaptaron la habitación de invitados para un niño y se sorprendieron al ver en la ecografía a una niña con abundante pelo negro.

El aeropuerto estaba repleto de gente, Renata se ponía tensa al estar rodeada de tantas personas, pero su avión despegaba en veinte minutos, así que afortunadamente, entraron en el avión y esperaron dentro. Ninguno de los cuatro llevaba equipaje. Renata y Fran solo habían ido para convercer a Julio y a Paca, y éstos últimos eran tan pobres que no tenían sino la ropa que llevaban puesta y poco más que Fran no les dejó llevar con la promesa de que en España podrían comprarse todo lo que quisieran.

Cuando el avión despegó, los padres de Fran se dieron la mano y se miraron asustados. Nunca habían estado en un avión. Fran les miraba desde su asiento mientras se acomodaba para ver una película en unas pequeñas pantallas que colgaban del techo del avión.

Mientras tanto, en España, los padres de Renata cuidaban de su nieta con el mismo cariño que en su día le dieron a su hija. La pequeña Elena era una niña bastante inteligente y divertida. Le encantaba jugar y pintar, como a todos los niños, pero no todos hablaban con tanta soltura como ella. A sus cinco años, era un encanto.

Enrique le preparó a su nieta y a su mujer un plato de comida exquisito. Preparó la mesa y les sirvió como si de un camarero profesional se tratara. Natalia estaba encantada al ver a su marido feliz de nuevo. La operación no solo le había devuelto la vida a Natalia, también a él que al ver a su mujer caminando de nuevo, a su hija casada y convertida en una madre ejemplar y a su nietita creciendo a una velocidad tan pasmosa, no podía dejar de sentirse vivo de nuevo.

El avión sobrevolaba Barcelona. Ya estaban cerca. Unos minutos más y Renata estaría reunida de nuevo con sus padres y su hija. Y Fran podría al fin presentarle a sus padres a la pequeña Elena. Llamada así en honor a una hermana pequeña que tuvo Fran y que murió poco antes de que él viajara por primera vez a España en un atraco a mano armada en mitad de la plaza en la que jugaban aquellos niños con una pelota de papel y cinta adhesiva.

—¡Renata!  —gritó Natalia sacudiéndo los brazos.
—¡Mamá!  —Renata corrió hacia su madre y la abrazó tiernamente.
—¡Papá, mamá!  —dijo Fran dirigiéndose a sus padres. —Estos son mis suegros: Natalia y Enrique. Y esta, esta es Elena, mi hija.

Los padres de Fran cogieron a la niña en brazos y miraron su pelo negro y rizado como el de Renata y sus ojos abiertos y sinceros como los que tenía su hija Elena. Las lágrimas se contagiaron al resto y al final la única que no lloraba era la pequeña Elena que los miraba a todos desconcertada.

—Vámonos a casa. Enrique preparó comida para un regimiento. —dijo Natalia.
—Pues vamos, entonces. —concluyó Renata, cogiendo a su hija en brazos y dándole la mano a Fran mientras caminaban hacia la puerta de salida.

4 comentarios:

  1. Aaaaww qué bonito me he emocionado y todo *-*
    Me ha encantado esta historia Tahis ^^ Ahora me toca ir por la siguiente que se me van acumulando jajaja

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  2. Jaja, entonces entiendo que tu voto en la encuesta es el primero, jaja. A mí el final me pareció un poco... plof. No sé describirlo. Besos guapa :)

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  3. Me ha gustado esta historia. Aunque ha transcurrido todo muy rápido pero lo entiendo porque tienes que ajustarte a un número de capítulos.

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  4. Anónimo5/2/14 12:01

    Termine, la historia, muy buena, aunque mucho tiempo para los padres, un error es leer esto en la mañana, te enganchas y cuando vez la hora...

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Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

¡Gracias!