15 de abril de 2012

Rexnata - V Capítulo: Millonaria

[Capítulo final]

El sol no había salido todavía cuando Rex se despertó por su dolor de cabeza. Se incorporó en la cama y salió de ella con cuidado para no despertar a Fran. Fue a la cocina y se calentó una infusión de té rojo para tomárselo junto con más calmantes. Se fue al sofá mientras la infusión se calentaba en el microondas y allí vio que el número de su casa tenía llamadas perdidas. Eran todas de Martina, a excepción de una que era de Thaïs. Rex se levantó al escuchar el pitido del microondas y lo sacó con cuidado para no quemarse las yemas de los dedos. Le echó azúcar y se tomó los calmantes. Volvió al sofá para llamar a Thaïs, sin percatarse de que eran las seis de la mañana.

—Rex, ¿estás bien?
—Sí, gracias por preocuparte.
—Quise pasarme por el hospital después de haber ido a recoger a mi niño al colegio, pero no pude.
—¿Qué pasó?
—Mi ex marido, me robó, Rex. Me dejó sin nada y se fue con esa zorra con la que me puso los cuernos.
—¿¡Qué?!  —gritó Rex haciendo que Fran se despertara.  —Será hijo de puta, ¿tu hijo como está?
—Lo llevé con mi madre, no sabe nada de lo que ha pasado.
—Pobrecillo, ven a mi casa y así hablamos y te animas un poco.
—No, necesito recoger mi casa, está todo tirado.
—¿Te robó mucho dinero?
—Solo los ochocientos que tenía de anoche. Menos mal que los trescientos cincuenta que me diste la vez anterior, los guardé en el banco.
—Sí, menos mal.
—Oye, ¿y ese hombre que te ayudó?
—Es Fran.  —Fran que ya se había levantado de la cama escuchaba a Rex hablar mientras se vestía.  —Se quedó anoche a dormir aquí conmigo y llevamos unos días viéndonos. Es mi tatuador, ¿te acuerdas?
—Sí, claro, ¿el que quería chantajearte?
—No, no. No me chantajeó, todo lo contrario. Me está dando el apoyo que necesito.
—Me alegro por ti, ya era hora de que encontraras a alguien. En dos años nunca te he visto con un hombre.
—Bueno, anda que tú.
—Desde lo de mi ex marido no me apetece ver a ningún tío, lo sabes.
—Bueno, tu ex marido no dejó el listón muy alto que digamos, seguro que pronto encuentras a alguien.
—Gracias Rex, voy a prepararme para salir a buscar trabajo.
—¿Trabajo?
—Ya te contaré, ¿nos vemos esta noche?
—No.
—Entonces te llamo esta tarde y te lo cuento con más calma.
—Perfecto, ten cuidado.
—Hasta luego, Rex.

Rex se quedó unos segundos pensativa antes de ver a Fran detrás de ella.

—¿Qué haces?
—¿Era Thaïs?
—Sí, tenías razón, le robaron a ella el dinero.
—¿Cómo?
—Dice que fue su ex marido, ¿crees que fue él quién me robó a mí?
—No lo sé, pero es muy probable, ¿por qué no lo denuncias?
—Sí, tengo que hablar con la policía.
—Desayunamos y nos vamos, ¿vale?
—Bien.

Fran y Rex desayunaron unas galletas y un puñado de cereales, lo único que había. Se vistieron y se fueron a la comisaría más cercana para denunciar el robo. La policía ya estaba al tanto gracias a Pam y a los médicos, que se habían apresurado a llamarles, pero los agentes necesitaban el testimonio de Rex para confirmarlo todo y comenzar con la búsqueda. Pero desgraciadamente ella no recordaba nada, y para cuando había llegado Fran, el ladrón ya se había ido, así que Fran comentó su sospecha de que se trataba del ex marido de Thaïs. Rex terminó por acceder a describir físicamente al ex marido de su amiga y salió de allí con el corazón encogido. Sentía que había traicionado la confianza y la amistad de Thaïs.

—Vamos a mi casa, anda. Necesito cambiarme de ropa y tú necesitas relajarte.
—¿Crees que lo del móvil funcionará?
—Si lo tienes encendido, podrán localizarlo.
—Espero que sí porque ese era mi móvil de trabajo y quiero recuperar mis cosas.
—¿Tienes dos?
—Sí, el que cogiste tú en la ambulancia para llamar a mis padres es el personal: ahí tengo a mis amigas, mis padres, y a poca gente más. En el del trabajo tengo a Pam, a Thaïs y a muchos clientes que me llaman para pedirme actuaciones especiales por cumpleaños y esas cosas...
—Por el contrario yo no deseo que lo recuperes... nunca. Venga, ahora vámonos a casa.

La moto de Fran seguía sin parecerle un medio de transporte fiable, pero se agarraba con fuerza de la cintura de él para sobrevivir. Cuando llegaron, Rex se bajó y se sentó en el portal en lo que Fran guardaba la moto y cogía sus llaves. Ambos entraron a la vez en el portal y Rex llamó al ascensor desesperada por llegar y tumbarse en la cama. Fran comenzó con mimos y caricias a las que Rex no respondía, seguía con la mirada perdida, pensando en su amiga.

Cuando estaban en la comisaría, Fran le había dado el número de teléfono de su casa a la policía para que lo mantuviera informado de todo y a las pocas horas de estar allí, llamaron. Habían encontrado el móvil de Rex. Cuando Fran se lo contó, ella se levantó de la cama y cogió su abrigo para irse de nuevo a comisaría. Allí Rex recuperó todo lo suyo, menos el dinero, claro. Cogió su móvil y leyó "5 llamadas perdidas". Eran de su madre, con fecha y hora de ayer por la mañana. Cuando Fran les había contado lo del robo.

Al acordarse de ellos, Rex les llamó para decir que había recuperado todo, pero no se esperó que sus padres estuvieran tan alterados.
—Mamá... dime que pasa, ¿estás bien?
—Ay, ay, señor...
—¡Mamá!
—Renata, mi niña... ay, qué alegría.
—Solo era un bolso y un móvil, no entiendo porqué tanto alboroto.
—Hija. —dijo la voz de su padre.
—Papá, ¿qué le pasa a mamá?
—Nos ha tocado la lotería, Renata.
—¿¡Qué?!
—Llevamos horas llamándote a casa, pero no cogías el teléfono.
—Es que estaba en comisaría y después en casa de Fran.
—Ven a casa cariño, tenemos que celebrarlo.
—Claro, ya mismo voy.

Rex no le contó nada a Fran y le pidió que la dejara en casa de sus padres. Quería asegurarse de que todo era cierto y de que no se trataba de un error. Se bajó de la moto y le devolvió el casco a Fran del que se despidió con un beso fugaz mientras corría a su casa terrera rodeada de árboles y perros guardianes. Corrió por toda la entrada hasta llegar a la puerta y tocó el timbre. De la emoción le volvió a doler la cabeza, pero no le prestó importancia. Entró y vio a sus padres llorando con un trozo de papel blanco en la mano. Se lo arrebató a su padre y corrió a la tele donde estaban dando el número ganador:

37809 serie 015.

Rex lo comprobó una vez más. Era cierto. Era totalmente cierto. Lo revisó todo. Número por número de nuevo. Sus padres tenían razón, habían ganado, ¿pero cuánto?

—Mamá, ¿de cuánto es el premio?
—Ay... ay...
—Nati, tranquila, ¿si? —dijo preocupado Enrique. —Son cinco millones, hija.
—¿De euros o de pesetas?
—Sí, sí, de euros.
—¡Papá! Con eso podríamos operar a mamá...
—Por eso está así, pero es malo que se altere tanto.
—Papá tiene razón, tranquila mamá. Todo va a salir bien, solo tenemos que cobrar esto y llevarte a que te operen a Madrid.
—Tienes razón, Renatita. Kike, me falta el aire, llévame fuera.
—Vamos, pero no te pongas nerviosa.
—No le contéis nada a nadie. Ya ven que últimamente los robos están a la orden del día.
—Es verdad cariño, ¿como sigues?
—Bien, mucho mejor.

Rex se sentó en la silla del comedor de su casa, mirando la tele sin creérselo. La operación de médula de su madre costaba más que la casa terrera en la que estaba y en la que se había criado. Lo que ganaba cada noche lo repartía entre Thaïs y ella sin contar lo que se llevaba Pam, y el resto se lo daba a su madre para medicinas. El alquiler lo pagaba gracias a las becas de estudios y la comida y algunos caprichos lo compraba gracias a lo que ganaba desnudándose, que no era siempre. Aún así, ganaba más dinero en ese local que el que podría ganar en cualquier otro sitio.

Sus padres volvieron a los diez minutos y Rex se quedó con ellos ocupándose de que durmieran bien. A la mañana siguiente salió con ellos a cobrar los cinco millones y volvió a su piso siendo millonaria. Al entrar vio que tenía aún más llamadas perdidas y se acordó de Thaïs. La llamó y comprobó que no sabía nada de la denuncia, pero aún así, tuvo que contárselo y Thaïs más que enfadarse se alegró de que otra persona diera el paso de denunciar a su ex marido, ya que ella no se atrevería nunca. No quiso contarle nada de los cinco millones hasta que su madre no estuviera operada y le preguntó lo que Thaïs había dejado pendiente de contarle esa misma mañana.

La causa de que quisiera otro trabajo no era otra que su ex marido, se había enterado de su profesión y quería usarlo en su contra para quitarle al niño. Rex, después de animar a su amiga, colgó el teléfono satisfecha por haber sido sincera con ella, pero intranquila por lo que le había contado.

—¡Alelí! —gritó Rex, y la gata se subió encima de ella. —Hola, bicheja, estoy tan contenta de verte. Te voy a echar mucho de menos cuando me vaya a Madrid por unos días, espero que sean pocos y que mi madre por fin se recupere. —la gata ronroneó. —Eres tan tierna, lo voy a pasar muy mal lejos de esta ciudad, lejos de mis estudios, de Fran y de Thaïs. Pero tengo que hacerlo. Además, al volver ya podré dejar de ser Rex, ¿entiendes? Puedo dejar de usar máscaras y pelucas, puedo dejar de desnudarme ante hombres babosos. Podré volver a ser yo, a ser feliz con Fran si el quiere. Ayudar a mi amiga a dejar ese trabajo y llevar una vida normal.

El timbre de la puerta sacó a Rex de sus pensamientos en alto y se asustó pensando que podría ser Aurora y que la hubiese podido escuchar, pero era Fran.

—Me dejaste preocupado, ¿no pensabas llamarme?
—No...
—¿He hecho algo mal?
—No, no. Es solo que mis padres me contaron algo muy importante y quiero guardarlo en secreto hasta que todo esté en orden.
—Bueno, no tendrás que contarme nada si no quieres, simplemente llamarme para decirme que estabas bien.
—Lo siento, anda, quédate esta noche.
—Te noto relajada, ¿los calmantes?
—Puede, pero creo que no.
—¿Entonces?
—Sigue siendo un secreto, de momento. Lo único que tienes que saber es que dentro de unos días me iré a Madrid.
—¿Cómo?
—Operan a mi madre, Fran. Podrá volver a caminar y yo podré dejar de trabajar en esto.
—Eso es una muy buena noticia.
—Lo sé, por eso estoy tan feliz. Quédate conmigo.
—Claro que me quedo, tonta.

Rex sonrió al ver que Fran ya estaba de buen humor y se levantó del sofá en el que se había sentado con Alelí, para llevar a la gata a casa de Aurora y volver a la cama. No antes sin cenar. Fran llevaba en la mano una bolsa blanca con un papel grapado en las asas. Era la bolsa de un restaurante chino que estaba muy cerca de allí. Se sentaron en la mesa y devoraron el pollo al limón. El primero en terminar de comer fue Fran, que se levantó para estirarse un poco y luego se puso detrás de Rex para besarle el cuello y el lóbulo de la oreja.

Rex se apuró en terminar de comer y se levantó de la silla dándose la vuelta para besar a Fran. Él la abrazó fuertemente contra su pecho y se agachó un poco para cogerla en brazos. Rex acabó con la mitad de su cuerpo colgando y con sus manos golpeaba la espalda de Fran para que la bajara o el pollo con limón iba a acabar vomitado en el suelo. Fran se echó a reír y la soltó con dulzura en la cama, teniendo especial cuidado con su cabeza, ya que los puntos seguían doliéndole.

Comenzó a desnudarse mientras Rex le miraba, pero antes de que se acostara, Rex se sentó a los pies de la cama y sonrió antes de introducir en su boca gran parte del "pequeño Fran". Succionó varias veces y lamió otras tantas. Fran acabó acostándose y abriendo las piernas para que Rex se sentara con comodidad en medio de ellas y pudiera seguir tranquilamente. Fran resoplaba mientras movía sus pies de un lado a otro. Parecía que esta vez sí que le estaba gustando lo que Rex le hacía. Mientras Rex bajaba y subía su cabeza, miraba con atención los tatuajes de Fran, para ser un tatuador tenía pocos, aunque eran bastante grandes y bonitos.

A los pocos minutos, Fran acercó sus manos a los hombros de Rex y la condujo hasta su boca. La beso y la tumbó a su lado para acostarse sobre ella. Le abrió las piernas sin dejar de besarla y la penetró con facilidad. Rex no solo estaba húmeda, sino que él, gracias a la saliva de ella, tenía lubricante de sobra. Fran mojó su dedo pulgar en su boca y lo condujo hasta el clítoris de ella. Rex gimió al instante. La cabeza le dolía de nuevo, pero Fran sabía cómo moverse para no provocar que Rex se mareara. Movía su dedo a más velocidad de lo que la penetraba y poco a poco Rex olvidó sus dolores para abrazar con sus piernas a Fran, permitiéndole a él una mejor y más profunda penetración. Mover su dedo pulgar ahora era más incómodo porque las piernas de ella se lo impedían, así que pasó a sus pechos llenos de pequeños lunares y los mordisqueó haciendo que Rex se estremeciera y curvara su columna hacia delante. Fran aprovechó el espacio entre el colchón y la espalda de ella para meter sus brazos y abrazarla mejor.

Los movimientos de Fran empezaron a ser más fuertes y Rex veía como Fran ponía gestos con la cara que parecían más de dolor que de placer,  pero sin duda eran de placer, porque de repente Fran resopló exhausto y se acostó el pecho de Rex. Sabía que ella no había terminado así que volvió a penetrarla y a tocarla con sus dedos hasta que ella también acabó.

Los besos se hicieron interminables y ambos acabaron en la ducha quitándose el sudor del cuerpo. Rex se lavó el pelo con cuidado de los puntos y luego se vendó la herida de nuevo para que no se infestara. Fran mientras, la miraba desde la ducha porque todavía no había acabado de aclararse el jabón del cuerpo.

Cuando se iban a acostar, Rex sacó dos mantas del altillo de su armario y le hizo un gesto con la cabeza a Fran para que la siguiera. Él se puso su ropa interior y la siguió por el pasillo hasta la puerta de entrada.

—¿A dónde me llevas?
—A ver las estrellas.
—Ya me las enseñaste en la cama.
—No seas tonto y ponte los zapatos, que arriba hace frío.

Fran obedeció y volvió en calzoncillos y zapatillas de salir, lo que hizo que Rex se estuviera riendo un buen rato. Le tiró la manta para que se envolviera en ella y se limpió las lágrimas que le había provocado la risa. Subieron las escaleras en silencio y llegaron a la azotea. Era verdad que hacía frío, pero también se estaba a gusto sentados sobre un pequeño muro.

Y así, sentados mirando las estrellas, rodeados de paz y tranquilidad, se durmieron juntos una noche más, pero esta vez no estaban solos, la pequeña y mimosa Alelí les acompañaba.

2 comentarios:

  1. La lotería! Qué bien que así puedan operar a la madre de Renata y que ésta no vuelva a trabajar de stripper :D Me ha gustado el capítulo si si xD Ahora solo me queda el epílogo muahaha!

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  2. Jajaja! Me alegra que te guste Kat, has comentado en todas las entradas, jijiji. :)

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Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

¡Gracias!