30 de mayo de 2012

Honeymoon - Introducción

Greta y Leo son una pareja de recién casados que van a pasar su luna de miel en las exóticas playas del Caribe. Greta adora a los animales, sobretodo si éstos son peligrosos y Leo quiere complacer a su mujer acompañándola a bucear entre tiburones. La pareja de recién casados es asesorada por un grupo de expertos en tiburones de la zona y éstos les acompañan en barco hasta mar adentro, donde se sumergen para conocer las maravillas que hay bajo el mar.

Pero todo cambia en el momento en el que Greta despierta sola en la arena de una playa desconocida para ella y sin Leo. Leo en cambio está en una cabaña, a kilómetros de distancia de su mujer, viviendo la experiencia más traumática de su vida. Y puede que la última.

24 de mayo de 2012

Tropical fantasy - IV Capítulo: Mojados

Chloé saboreaba su sándwich vegetal y le daba algunos sorbos a su refresco sin gas, en la otra punta de la cama, Ethan reposaba boca arriba el bocadillo que acababa de comerse. Cuando Chloé terminó su sándwich, buscó mimos en Ethan que se había quedado dormido.

—¡Despierta! Tenemos que prepararnos para coger el avión.
—¡El avión!  —Ethan se levantó de la cama de un brinco.
—¿Qué hora es ya?
—Las siete menos cuarto.
—¿Ya? Pero si el desayuno nos lo trajeron a las seis.
—Nos entretuvimos comiendo.
—Mierda... estoy sin vestir, sin bañar, sin peinar, estoy horrible.  —decía Chloé mientras se miraba al espejo.
—Y llegaremos tarde como no te vistas y te peines ya.
—¡No encuentro mis zapatos!  —gritó Chloé mientras buscaba debajo de la cama.
—Los dejaste en el armario...
—¡Ah! Es verdad. ¿Y mi móvil?
—En tu bolso.
—¿Y mi bolso?
—En la mesa de noche...  —dijo Ethan mientras Chloé se ajustaba el vestido.  —Te lo estás poniendo al revés.
—¿El qué?
—El vestido...
—¡Mierda!  —Chloé se lo quitó para darle la vuelta cuando oyeron el teléfono sonar.
—Yo voy a cogerlo.  —dijo Ethan que salió corriendo.

Se trataba de Tom y, según lo que Chloé podía escuchar, estaba enfadado. Cuando por fin Chloé se puso el vestido bien, se hizo una coleta y se lavó la cara y los dientes en lo que Ethan terminaba de recoger sus cosas y las de ella. Chloé cogió su bolso, se lo colocó en el hombro y salió detrás de Ethan que ya estaba llamando al ascensor en el salón.

—Las siete menos cinco. —dijo Chloé mirando el reloj del salón.
—¿Todo bien? —preguntó la camarera.
—A ti qué te importa. —contestó Chloé entrando en el ascensor.
—Borde... —dijo Ethan bromeando.
—Esa tía no paraba de mandarte indirectas y miraditas aun sabiendo que estás conmigo, ¿y pretendes que no sea borde con ella?
—Está bien, olvídala.

El ascensor se abrió y ambos salieron corriendo. Entregaron las llaves de la habitación en recepción y se fueron sin decir adiós, corriendo hacia un taxi que les llevara al aeropuerto. Cuando llegaron eran las siete y diez y Tom seguía allí, enfadado.

—Hemos perdido el avión. —dijo Tom con mirada seria dirigiéndose a Chloé.
—¡Maldita sea! —dijo ella.
—El tuyo todavía no ha despegado, sale en diez minutos. Si te das prisa, llegas. —dijo Tom, esta vez, dirigiéndose a Ethan.
—¿Y vosotros qué?
—Esperaremos al siguiente vuelo que sale en dos horas.
—Tom... —Chloé empezó hablando aunque le tembló la voz. —Yo había pensado en irme a Nueva York con Ethan.
—¿¡Qué!? —Tom puso el grito en el cielo y todos se le quedaron mirando.
—Lo siento, es que él y yo... verás...
—Somos novios. —concluyó Ethan y le dedicó una amplia sonrisa a Chloé.
—¿Estás loca? Tus padres confían en mí para cuidarte y tú,... ¿te lías con alguien a quién no conoces?
—Lo conoces tú y sabes que es buena persona, de lo contrario no hubieras querido que trabajase contigo, ¿no? Además, muy poco te preocupaste por mí y por mis padres cuando me descubriste a solas en el camerino con él. No te importó porque estaba en juego el trabajo, ¿verdad? Tenías que aceptar que estuviera con él para que las fotos salieran bien y ahora que ya no hay fotos que hacer, me prohíbes lo que ayer aceptaste. Eres un hipócrita, Tom.
—No te consiento que me hables así, yo siempre te he protegido.
—Y te lo agradezco, sin ti no sería lo que soy ahora, pero no entiendo nada.
—Lo de ayer era distinto, Chloé. Era un lío con otro modelo al que no volverías a ver y al día siguiente cogerías un avión conmigo y te acompañaría a casa dónde estarías protegida y a salvo. Pero no te das cuenta que yéndote con él a Nueva York, estarás lejos de mí y de tus padres, de las personas que te quieren...
—Mis padres no me quieren, lo sabes. Y tengo derecho a ser feliz.
—Dios mío, Chloé, haz lo que quieras con tu vida... pero si te ocurriera algo, si comenzaras a dudar de lo que sientes y quisieras volver a casa, solo tendrías que llamarme y estaría en Nueva York con un coche esperando para llevarte de vuelta.
—Muchas gracias Tom, pero no creo que haga falta.

Chloé se despidió de Tom con un intenso abrazo y le pidió disculpas por cómo lo había tratado. Ethan se despidió con un apretón de manos y juntos caminaron a comprar un billete a Nueva York para Chloé y otro nuevo para él porque el avión que debía de haber cogido, estaba a punto de despegar. El billete que compraron era para dentro de tres horas y decidieron salir del aeropuerto y conocer un poco Miami antes de irse.

El paseo marítimo era precioso, cientos de palmeras teñidas de un color anaranjado a causa del sol que comenzaba a salir, un mar inmenso en el que se veían las aletas de unos delfines saltarines y jugetones, personas volando cometas y otras abriendo las puertas de sus negocios, sacando las mesas y las sillas a las terrazas y comenzando a servir las primeras cervezas del día o los primeros refrescos.

Caminaron durante una media hora por el paseo marítimo hasta que estuvieron cansados y quisieron tomar algo en un bar. Cuando terminaron de beberse cada uno un refresco, dieron media vuelta y comenzaron a caminar hacia el aeropuerto de nuevo, pero no para quedarse allí, sino para ver qué era lo que estaban montando al comienzo del paseo marítimo. Se trataba de un mercadillo, ropa, gafas de sol, perfumes, bisutería,... pero lo que más llamó la atención de Chloé fue un libro que llevaba tiempo buscando. Se lo compró de inmediato y cuando comenzaba a leer la primera página, Ethan le sorprendió por detrás colocándole un precioso collar hecho de caracolas muy pequeñas. Siguieron comprando durante toda una hora y cuando quisieron darse cuenta, tenían la piel de los hombros y de la nariz quemada. La piel de ambos es muy blanca y enseguida se fueron a comprar unas gorras. Chloé prefirió un sombrero de paja de color rosa con un lazito anaranjado en un lateral que no solo cubría su cara del sol, sino también sus hombros porque era muy grande y hacía mucha sombra; Ethan, en cambio, se compró una gorra que solo le cubría la cara y que era bastante fea, con un dibujo de unas palmeras y el nombre de Miami al lado. Pero protegían del sol, que era lo importante.

Siguieron mirando cosas aunque no compraron nada más y al cabo de una media hora, decidieron volver al aeropuerto para, esta vez, llegar temprano. Todavía quedaba una hora, pero se quedaron dentro, Chloé leía su libro nuevo e Ethan se aburría tanto que contaba las baldosas del suelo desde su asiento. Cuando por fin entraron en el avión, pudieron disfrutar del aire acondicionado y de asientos cómodos en los que descansar. Ya que la noche en el hotel la pasaron casi sin dormir.

Ya era la hora de almorzar y la pareja feliz seguía en el avión con un hambre atroz. La azafata les sirvió el almuerzo, pero la ensalada tenía vinagre y el pan estaba duro, así que Chloé no disfrutó mucho de su comida, Ethan en cambió no devoró el plato porque no pudo. Después de la comida, pusieron una película y cuando la película terminó, se encendieron las luces y la azafata anunció por megáfono que aterrizarían en diez minutos.

—Tengo ganas de llegar ya y saber cómo es tu apartamento.
—Ya te dije que sencillo.
—Bueno, aún así quiero llegar y conocer Nueva York...
—¿Nunca habías estado aquí?
—No, y me moría de ganas.
—Es una ciudad preciosa y allí tendrás muchas oportunidades de triunfar aún más como modelo.
—¡Vaya! Me acabas de poner los dientes largos, ya quiero llegar.
—Solo diez minutos más, tranquila. Yo también estoy nervioso.

Los diez minutos pasaron volando y la pareja feliz bajó del avión emocionada. Se cogieron de la mano y se subieron a un taxi que les llevó al pequeño y sencillo apartamento de Ethan. Chloé se quedó alucinando con los cuadros que colgaban de todas las paredes, había pintura abstracta, paisajes y retratos, en concreto había un retrato de una mujer morena muy guapa que parecía ser alguien importante para Ethan.

—¿Quién es esta mujer? ¿Una ex novia?
—Mi madre.
—Oh... vaya.
—Es un retrato de una fotografía que me dio mi padre de cuando mi madre era joven. En esa foto mi madre estaba embarazada de mí y tengo pensado regalarle ese cuadro por su cumpleaños.
—Qué detallazo.
—Espero que le guste.
—Le encantará.
—Gracias. ¿Quieres comer algo? En el avión apenas probaste la ensalada.
—Es que tenía vinagre... odio el vinagre.
—Algo más que ya sé de ti. —dijo Ethan sonriendo.
—Solo quiero agua... lo que quiero comer no está dentro de tu nevera...
—¡Vaya! Qué directa.

Ethan llenó el vaso de agua y se lo acercó a Chloé, quién torpemente, se lo derramó por encima mojándose todo el vestido.

—Buen remedio para el calor, eh. —dijo Ethan bromeando.
—Tonto, me mojé toda.
—Y el suelo también me lo mojaste. —dijo Ethan sin salir de su tono burlón mientras se acercaba a ella.
—No será lo único que moje. —dijo Chloé mientras vertía el poco agua que quedaba en el vaso en la cabeza de él.
—Serás... ¡ven aquí! —gritó al ver que Chloé se había echado a correr. Se metió en la primera habitación que vio con la puerta abierta y se encerró dentro. —¡Sal de ahí! —Chloé seguía maravillada ante lo que tenía frente a ella y abrió la puerta muy despacio.
—Mejor entra tú. —Ethan entró y ella le agarró la cabeza con las dos manos y le dio el beso más apasionado de todos.
—Te quiero. —dijo Ethan separando sus labios de los de ella.
—Y yo a ti.

21 de mayo de 2012

Tropical fantasy - III Capítulo: Novios

—Habéis estado fantásticos, chicos.
—Gracias Tom.  —dijo Chloé.
—Os merecéis un descanso, yo me voy ya que tengo papeleo. Recordad que el avión sale mañana a las siete de la mañana, hasta entonces.
—¡Chao!  —gritaron al unísono Chloé y Ethan.
—Parece que estamos solos.  —dijo Ethan.
—Sí, pero no por mucho tiempo, ahora vienen otros modelos. ¿Nos vamos al hotel?
—Mejor...  —dijo Ethan sonriendo 

El trayecto al hotel desde el estudio de Tom era muy corto. Solo había que coger el coche y conducir unos tres kilómetros, el hotel Orión podía verse desde lejos porque era el más alto y también el más grande. Casi ochocientas habitaciones, veinte piscinas climatizadas y cuatro saunas lo hacían el más lujoso. El servicio era el mejor, la comida era exquisita y la tranquilidad reinaba en cada salón. El salón estaba compuesto por varios sofás que rodeaban una mesa de cristal con revistas y dos pequeñas estatuas a los lados con forma del gigante Orión, de ahí el nombre del hotel, un gigante. En ese salón también había televisiones, un piano de cola, réplicas exactas de cuadros famosos y lámparas que alumbraban al techo para dar una sensación de calor y bienestar. Al lado del piano de cola estaba una pequeñísima chimenea que comunicaba todas las plantas del hotel, en total, las treinta y cinco plantas. En cada salón había siempre una camarera que atendía a los clientes que querían disfrutar de la comodidad del salón y ella les servía con amabilidad.

Ethan y Chloé estaban en recepción recogiendo las llaves de la habitación 457. Dieron la espalda a la recepción para dirigirse a los ascensores cuando vieron el pequeño salón del primer piso. La chimenea de este era aún más grande, los sofás en cambio, eran más pequeños y solo había una televisión. También había un piano, pero era mucho más pequeño, porque el espacio de la primera planta estaba mayoritariamente ocupado por recepción.

—Los salones de las plantas superiores son más grandes que este. —dijo un camarero.

Chloé enseguida quiso subir a su habitación y llamó al ascensor para subir, pero Ethan seguía maravillado con la réplica de un cuadro de Renoir que le encantaba. Cuando el ascensor se abrió, sonó un pequeño pitido y Ethan "despertó". Entraron al ascensor junto con dos señoras más de acento francés que no paraban de mirar a Ethan y llegaron a la planta 15, en poco tiempo.

Al bajarse del ascensor, comprobaron lo que les había dicho el camarero, el salón era inmenso. En este salón cabrían perfectamente unas cien personas sin molestarse entre ellas. O más. Pinturas renacentistas decoraban las paredes, y Ethan volvió a quedarse perplejo mirándolas, Chloé en cambio prefirió ir al piano y tocar algo. El sonido de las teclas del piano devolvieron, por segunda vez, a Ethan a la realidad y también a la camarera del salón, que estaba absorta en una revista y no había oído llegar a Ethan y Chloé.

—Buenas tardes, soy la camarera del salón, si desean algo estoy siempre detrás de esta puerta. Solo tenéis que tocar y saldré... —dijo la camarera mirando a Ethan.
—Disculpa, no queríamos molestarla, solo estábamos divirtiéndonos antes de ir a nuestra habitación.
—Muy bien, puedo acompañarles para que no os perdáis, hay muchas habitaciones por cada planta.
—No hace falta, sabremos llegar. —dijo cortante Chloé mientras cogía de la mano a Ethan y salía de allí. —Todas las mujeres te miran con deseo. —dijo Chloé cuando estaban lo suficientemente lejos.
—¿Te molesta? —preguntó Ethan sonriendo.
—Qué va, es solo que da mal rollo.
—Claro... ¡Anda! Habitaciones desde 450 a 500 por aquí.
—Vale, qué fácil ha sido. 

Caminaron según la indicación de la flecha y encontraron la 457 enseguida.

—Bienvenida a la habitación del amor. —dijo Ethan haciendo una reverencia.
—¿Habitación del amor? ¿Y eso por qué?
—Ahora mismo lo sabrás...

Ethan abrió su camiseta sin desbotonarla, haciendo que una docena de botones cayera al suelo al instante. Chloé levantó las cejas sorprendida y dejó escapar una carcajada antes de acercarse para besarle. Él la rechazó para seguir con su striptease y siguió por quitarse, torpemente, los zapatos. Chloé no podía parar de reír y Ethan continuó con los pantalones, que sí supo quitarse sin problemas, afortunadamente para Chloé, porque si hubiera tardado en quitarse los pantalones lo mismo que tardó en quitarse los zapatos, Chloé hubiera tenido que ser atendida por un ataque de risa.

Una vez desnudo, Ethan se acercó a Chloé para desnudarla a ella y le quitó ese vestido rojo de flores bajando rápidamente la cremallera de la espalda. Al hacerlo, como Chloé no tiene grandes curvas, el vestido cayó al suelo sin problemas. Ethan la llevó hacia el armario, donde la apoyó contra la puerta de madera de roble y le besó los pechos. Chloé se mordió el labio para no gritar cuando Ethan le bajó el tanga rojo que hacía juego con el vestido. Luego, Ethan colocó una de las piernas de Chloé sobre su hombro y la otra pierna, en el otro hombro, quedando la espalda de ella completamente apoyada sobre el armario y sus piernas apoyadas sobre los hombros de Ethan. Ethan fue subiendo poco a poco hasta que Chloé casi toca el techo estirando los brazos y luego le practicó sexo oral hasta que ella pidió que parara. 

Estaban sudados, agotados y cada vez que compartían una mirada, se preguntaban qué iba a pasar al día siguiente, cuando Ethan cogiera el avión hacia Nueva York y ella, junto a Tom, hacia Carolina del Sur.

Ambos dejaron de pensar en eso y se abrazaron. Ella se subió sobre él y comenzó a moverse lentamente hasta que Ethan cerró los ojos, entonces aceleró un poco el ritmo y dejó que él tocara sus muslos y sus piernas, a pesar de que sentía cosquillas en esa zona. 

Ethan dejó escapar un pequeño gemido, y Chloé volvió a acelerar hasta que ella misma gimió y no pudo continuar más rápido a causa del cansancio. Entonces, intercambiaron posturas y Ethan la penetró estando él encima de ella. En esa postura ella podía disfrutar mucho más y le encantaba verlo a él disfrutando también. Unos minutos más tarde, ella obtuvo su segundo orgasmo y él el orgasmo más placentero de toda su vida. En sus relaciones anteriores siempre lo había hecho con prisas, con Chloé en el estudio temía ser descubierto, pero ahora en esa habitación de hotel donde solo estaban ellos y donde no importaba el tiempo, pudo sentirse a gusto y en paz para llegar al mejor orgasmo de su vida.

Después de un rato largo abrazados en la cama, Chloé preguntó:

—¿Qué pasará mañana?
—¿Por qué lo dices?
—Porque mañana tú cogerás un avión y yo otro, y no nos volveremos a ver.
—Eso no es así. Volveré a mi apartamento, pero seguiremos en contacto.
—¿Tienes casa propia?
—Sí, un pequeño apartamento para pintar.
—Yo vivo con mis padres, aunque nunca están en casa.
—¿Por qué?
—Trabajo. Siempre por trabajo, pero yo sé que es por la vergüenza.
—¿De qué?
—De mí, se avergüenzan de mí y de las fotos, antes estaban en casa la mayor parte del tiempo y si tenían que viajar por trabajo en alguna fecha especial, lo cancelaban o lo aplazaban para poder estar en familia. Ahora no les importa pasar mis cumpleaños fuera, me llaman y me felicitan desde la otra punta del país y siguen a lo suyo.
—Vaya, debe de ser muy duro.
—Lo es, gracias a Tom pude tener la fama que tengo, ¿sabes? El me ayudó en todo para lograr ser modelo y salir en todas las revistas de moda en las que salgo. Contigo intenta hacer lo mismo metiendo tus trabajos en esas galerías de arte en las que tiene contacto, pero sin duda el trabajo de esta mañana será el que te haga triunfar.
—No quiero triunfar yo, quiero que triunfen mis cuadros.
—Pero la gente no quiere un cuadro, quiere la imagen del guapo pintor, ¿entiendes? Si conocen al pintor y les cae bien y consigues que la gente te aprecie, comprarán tus cuadros.
—Sí, lo sé. Así lo logró Logan.
—Pues ahora te toca a ti.
—Por cierto, si te cansas de vivir en esa casa tan grande, podrías venirte conmigo a mi apartamento.
—¿Qué?
—Es sencillo y pequeño; y está lleno de cuadros, pero es mi casa.
—¿Nos conocemos de un día y ya me pides que me vaya a vivir contigo? Vaya... no sé si debo alegrarme o sentir miedo.
—Podrías probar una semana, y si no te gusta, vuelves a tu casa.
—Vale, entonces mañana iré contigo.

El teléfono les sorprendió a mitad de un precioso sueño. Ethan se levantó y descolgó. Era la camarera del salón, que también se encargaba de despertar a los clientes para avisarles de que el desayuno ya estaba servido. Como son tantos clientes, no hay un comedor para todos, sino que cada planta tiene una propia cocina donde se hace el desayuno y luego lo sirven en el salón, donde colocan unas mesas y unas sillas para los que quieran desayunar allí y a los demás, les colocan el desayuno en una bandeja y se lo sirven en la habitación.

—Servicio de habitaciones.
—¡Adelante, la puerta está abierta! —gritó Ethan desde el baño mientras se afeitaba.
—Buenos días. —dijo la camarera del salón sonriendo.
—Buenos días, ¿puedes dejar el desayuno en la habitación? Mi novia se habrá despertado ya y querrá desayunar. —dijo Ethan haciendo un énfasis en mi novia.
—Claro. —dijo la camarera sin dejar de sonreír y empujando el carrito hacia el dormitorio. —Aquí tiene señorita.
—Gracias. —murmuró Chloé desde la cama.
—No tienes buena cara. —dijo la camarera. —¿No has dormido bien?
—La verdad es que mi novio no me lo ha puesto fácil, ya sabes...
—Ah... claro, disculpa. —dijo, esta vez sin sonreír, mientras se marchaba maldiciendo en voz baja.
—¿Novios? —le preguntó Chloé a Ethan que acababa de entrar en la habitación.
—¿No te gusta?
—Me encanta.
—Pues eso, novios. —concluyó Ethan con un beso.

Coconut - Introducción

Ulani es una hermosa camarera y recepcionista del hotel más grande de la isla Nuku Hiva, en la Polinesia francesa. Ulani vive en la isla con su hermano mayor Ariki y su hermano pequeño Hori. No tienen padres y cada uno trabaja en el hotel haciendo lo que sabe. Ariki baila danzas tradicionales y canta para los turistas y Hori se encarga de transportar las maletas y de todo lo tecnológico. 

Jarek y Morelia son dos amigos de Polonia que estudiaban la misma carrera universitaria: arquitectura. A comienzos de la carrera, Jarek y Morelia se hicieron buenos amigos y prometieron que si acababan la carrera a la vez, sin tener ninguna asignatura pendiente, se irían de viaje a algún lugar exótico y eligieron Nuku Hiva dos semanas antes de terminar las clases. Compraron el billete y se gastaron gran parte de sus ahorros, pero valió la pena. Jarek siempre había estado enamorado de Morelia y en este viaje pretendía declararle todo su amor, pero las cosas no salieron como tenía planeadas.

13 de mayo de 2012

Tropical fantasy - II Capítulo: Escondidos

Chloé se peinaba su larga melena pelirroja antes de dejarse maquillar mientras, por el espejo que tenía delante, miraba con atención lo que hacía Ethan. En un descuido, Chloé dejó de cepillarse el pelo y se quedó quieta mirando como él le sonreía al papel. Ella no sabía que Ethan la estaba dibujando en ese papel y tampoco sabía que sonreía porque la había dibujado sin ropa.


—¡Serás cochino!  —escuchó Ethan por detrás.
—¡Tom!  —exclamó Ethan al darse la vuelta.
—¿Qué pasa?  —preguntó Chloé acercándose.
—Nada, nada.  —dijo avergonzado Ethan.
—¿Cómo que nada?, ¿qué escondes ahí?
—Te he dicho que nada.
—Voy a ahorraros el drama  —dijo sonriendo Tom.  —Chloé, Ethan te ha dibujado desnuda en su cuaderno.
—¿Perdón?
—No te he dibujado desnuda, solo es el boceto.  —mintió Ethan que comenzaba a ponerse rojo.
—Oye mira, estoy aquí gracias a unas fotos mías en Internet en las que salía desnuda. Le debo la fama a esas fotos, pero las odio. Odio también a los tíos como tú que se creen que...
—Déjalo ya Chloé.  —dijo Tom muy serio.
—Solo quería que lo supiera.
—Lo siento.  —dijo avergonzado Ethan.
—Tranquilo.  —concluyó Chloé antes de darse media vuelta y volver al tocador para que la maquillaran.

Ethan dejó su libreta sobre una pequeña mesita color rosa en la que también habían unas bebidas alcohólicas. Se tomó una mezcla extraña de licores y frutas, y salió a una terraza con mesas de color azul y sillas color blanco. Cada sala de aquel estudio tenía un color distinto o una combinación de colores distinta. La terraza era muy veraniega con esos dos colores, a Ethan le gustaba estar ahí y se tumbó en una hamaca blanca con los bordes azules a tomar el sol. No hacía demasiado sol para ser Miami y para ser verano. En las noticias decían que se acercaba una pequeña tormenta, pero que no había de qué preocuparse.

Chloé ya estaba lista para las fotos, solo necesitaba cambiarse de ropa. Tom la acompañó a un camerino para que se vistiera y salió en busca de Ethan. Cuando lo encontró en la hamaca le gritó por inconsciente, tomar el sol siendo tan blanco y sin protección solar, era peligroso para las fotos. Saldría muy rojo y estropearía todo. Afortunadamente, el cielo nublado había impedido que se quemara y solo tuvo que pasar por maquillaje para darle unos retoques a su nariz.

Todo estaba ya listo para las fotos. Chloé ya estaba vestida y Ethan ya tenía su maquillaje. Tom les colocó frente a la cámara y los dejó solos para fotografiarlos. Ambos iban en ropa interior, y debían causar una imagen sexy y provocadora que hiciera que todos quisieran tener esa marca de ropa interior en sus casas. El sexo vende, dicen todos los publicistas. Y una pareja tan joven y guapa vestida con esa ropa tan sensual y en posturas provocadoras, sería ideal. El problema es que la pareja joven y guapa no se llevaba bien y tenían problemas a la hora de posar juntos.

—¡Estoy harto! —gritó Tom. —Soy una persona muy perfeccionista. Adoro este trabajo, pero me vuelve loco. Voy a por un vaso de agua y a por un cigarrillo. Vosotros hablad y aclarad vuestras diferencias de una puñetera vez.
—Vaya... —dijo Ethan.
—Todo esto es por tu culpa.
—¿Mi culpa?
—Sí, porque si no me hubieras dibujado desnuda no estaría tan enfadada contigo y todo sería mas fácil.
—Claro, claro. Está bien. ¿Quieres ver el dibujo? —preguntó Ethan desafiante y enfadado.
—Estaría bien saber cómo me imaginas sin ropa.
—Muy bien, pues ven. —Ethan la guió hasta la mesita rosada donde había dejado su cuaderno. —Es este.
—¡Dios mío! —exclamó Chloé. —Eres un hijo de puta, me has visto en las fotos que colgó Nathan.
—¿Qué fotos y quién es Nathan?
—Nathan es mi ex novio. Me sacó unas fotos desnuda en el lago que hay cerca de mi casa. A la mañana siguiente estaban por toda la red.
—No sabía nada.
—¡Mentiroso!
—Estoy siendo sincero, no sé de qué fotos me hablas y ya quisiera yo haberte visto desnuda aunque sea en fotos. —Ethan se sonrojó al darse cuenta de que lo había dicho en alto y agachó la cabeza.
—¿Qué? —preguntó Chloé con una voz mucho más suave.
—Lo siento, no tenía que habértelo dicho. Ni tenía que haber venido aquí.
—Te equivocas, quién lo siente soy yo. Pensaba que eras un idiota engreído.
—No soy engreído, aunque soy un idiota.
—Muy bien idiota, ven conmigo. —Chloé caminó delante de Ethan hasta llegar al camerino en el que se había cambiado de ropa minutos antes.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó Ethan extrañado.
—Dijiste que querías verme desnuda, ¿no?
—Yo... Chloé, ¿qué haces?
—Desnudarme para ti.

El precioso y caro sujetador negro y dorado que llevaba Chloé cayó al suelo al segundo de habérselo quitado y ella dejó que cayera sin complejos. Desde Nathan nunca había estado desnuda delante de un chico, pero con Ethan era diferente, quería hacerlo y lo hizo, no se sintió presionada ni acomplejada por su pequeño pecho. Ethan en cambio temblaba y estaba tenso por si alguien les sorprendía. No sabía qué hacer ni qué decir así que permanecía quieto mientras Chloé tiraba al suelo sus braguitas negras de encaje dorado. Ahora sí que estaba nerviosa, seguía estando feliz por haber superado su miedo a desnudarse delante de un chico, pero esperaba que él dijera o hiciera algo y en cambio no lo hacía.

—¿No te gusto?
—No, no es eso.
—¿Entonces?
—Es que eres preciosa.
—Gracias. —Chloé sonrió.
—¿Por qué has hecho esto?
—No lo sé exactamente.
—¿Qué va a pasar ahora?
—Lo que tú quieras que pase.
—Quiero besarte. —dijo Ethan después de pensárselo unos segundos.
—Pues acércate y bésame.

Ethan se acercó lentamente y, sin saber muy bien cómo, acabó besando a esa preciosa pelirroja que no paraba de sonreír. Después de un pequeño beso, Chloé corrió hacia la puerta y la cerró con llave. Al hacerlo se percató de que en el camerino había un pequeño sofá naranja con una mesita a juego a un lado en la que habían unas latas de refresco. Chloé sonrió al ver el sofá y luego miró a Ethan sin dejar de sonreír. Él miró a su izquierda para ver qué era lo que había llamado la atención de ella y se sonrojó al imaginarse lo que pasaría.

—Si no quieres no lo hacemos, ¿te encuentras bien?
—Si es solo que... bueno...
—¿Es tu primera vez?
—¡No!, bueno, casi.
—Si te sientes incómodo me vuelvo a vestir. Quizá fui demasiado directa.
—No, no así está bien. Quiero hacerlo.
—Vale. —Chloé volvió a sonreír emocionada.

En el sofá se estaba muy a gusto. Era cómodo, pero algo pequeño para tener sexo. Así que Chloé quitó los cojines y se acomodó como pudo. Se quedaron sentados unos segundos y Chloé reparó en que Ethan llevaba todavía el calzoncillo que hacía juego con la ropa interior de ella. Estaba muy sexy con ese calzoncillo, pero ya era hora de quitárselos. Ethan estaba algo tenso y Chloé intento calmarlo con unos pequeños besos en el ombligo y poco a poco siguió bajando hasta las letras doradas del calzoncillo. En ese momento notó un bulto bajo éstos y sonrió. Siguió besándolo hasta que él tomó la iniciativa de quitárselos y así Chloé se aseguró de que estaba preparado. Bajó el calzoncillo rápidamente y rodeó las piernas de Ethan con sus brazos.

Ethan ya no estaba tenso, todo lo contrario. Había comenzado a acariciar la espalda de Chloé mientras ella le practicaba sexo oral. Con la misma mano que acariciaba su espalda, comenzó a acariciar ahora sus nalgas. Eran suaves y blancas, pero él quería tocar más. Quería tocarla en un lugar al que no llegaba. De repente ella dejó lo que estaba haciendo y se dio la vuelta, dejando a la vista sus pequeños pechos y su vientre plano y lleno de pecas. Pero no solo eso, dejaba a la vista y al alcance de Ethan lo que él tanto buscaba. Ethan la penetró varias veces con sus dedos y la acarició varias veces antes de escucharla gemir por primera vez.

—Te van a escuchar desde fuera.
—Me da igual. Tú sigue.
—Tú también podrías seguir.
—¿Cómo? Sería incómodo.
—No del todo, mira. —Ethan la cogió en brazos y se acostó en el sofá dejándola a ella sobre él.
—¿Y ahora qué, listillo?
—Ahora bésame y luego date la vuelta.
—¿La vuelta?
—Sí.
—Ahh... ya te entiendo, vale. —Chloé se levantó para acostarse con la cabeza entre las piernas de Ethan.
—¡Espera! Te dije que antes me tenías que besar.

Chloé le besó. Esta vez no tuvieron miedo de sacar sus lenguas y dejar que jugaran un rato. Después del apasionado beso, llegó el momento 69. Chloé se acostó encima de Ethan con la cabeza entre sus piernas y poco a poco fue acomodándose para hacer coincidir sus partes con la boca del otro. El primero en empezar fue Ethan, estaba ansioso por saber cómo era practicarle sexo oral a una mujer. Dejó que su lengua jugara en los alrededores antes de llegar a donde quería. Al hacerlo Chloé succionó con más ganas y Ethan se estremeció de placer. Volvió a pasar su lengua por el mismo sitio y Chloé repitió lo que había hecho antes, provocando que Ethan se volviera loco de placer. Así una y otra vez, Ethan pasaba suavemente su lengua por aquel pequeño bulto sonrosado que no dejaba de hincharse a cada minuto y que se contraía con el contacto de la lengua de Ethan. Y Chloé seguía succionando y lamiendo con rapidez y pasión como reacción de lo que Ethan le hacía.

En poco más de tres minutos Chloé estaba totalmente rendida, Ethan había hecho un buen trabajo, pero él necesitaba un minuto más antes de acabar.

—¡Chloé!, ¿Estás ahí?
—Mierda, es Tom. —dijo Chloé muy bajito.
—¿Le decimos que se una? —bromeó Ethan.
—Como se lo pidas tú, seguro que acepta. —dijo Chloé levantándose.
—¿A dónde vas?
—A vestirme para abrirle, tú deberías de hacer lo mismo.
—Pero...
—Lo sé, lo siento.
—¡Chloé sé que estás ahí! —gritó Tom. —Toda la gente de maquillaje y vestuario ha salido a tomarse un café antes de la sesión y me han dicho que Ethan está ahí contigo.
—Sí, estábamos hablando sobre lo del dibujo. —contestó Chloé al abrir la puerta.
—Sobre lo del dibujo... y con la puerta cerrada con llave... —La voz de Tom adquirió un tono paternal.
—Tom, lo siento...
—Avisaré a los de maquillaje y vestuario que vuelvan más tarde. En media hora volvemos.
—Gracias, lo siento, de verdad.
—No pasa nada, además, mejor. Se os veía muy tensos frente a la cámara.
—Pues gracias.
—Hasta después. —Chloé sonrió a modo de despedida y cerró la puerta de nuevo.
—Solo tenemos media hora...
—Pues vete desnudándote de nuevo y sentándote en el sofá.
—¿Sentado?
—Sí... tú confía en mí. —Chloé se desnudó en un segundo y se acercó al sofá donde ya estaba sentado Ethan.
—¿Y ahora qué?
—Calla...

Chloé abrió sus piernas y las colocó a ambos lados de las piernas de Ethan. Después Ethan dirigió el cuerpo de Chloé tomándola por la cintura hacia el suyo y la besó cariñosamente mientras ella buscaba ansiosa que la penetrara. Ethan, que seguía sujetándola por la cintura, bajó sus manos hasta la cadera de ella y la empujó suavemente hacia abajo para penetrarla del todo. Ella se movía de arriba a abajo mientras sus pechos rebotaban y él acariciaba sus piernas mientras se dejaba hacer.

Pasaron los minutos y Ethan no aguantó mucho más y acabó corriéndose mientras agarraba con fuerza las piernas de Chloé.

—Ha sido increíble.
—Lo sé.
—Me encanta cómo te mueves, haces un movimiento de cadera que me vuelve loco.
—Jaja, gracias. ¿Se parece en algo a tu fantasía?
—¿Mí fantasía?
—Vamos, me dibujaste desnuda, ¿y me vas a decir que no fantaseaste con follarme?
—Bueno... la verdad es que mientras te dibujaba lo pensé varias veces.
—Lo sabía. —dijo Chloé riendo.
—¿Por qué pensaste qué había visto las fotos que colgó tu ex novio?
—Porque me dibujaste casi idéntica.
—Me fallaron las medidas de tus pechos. El relleno del sujetador engaña mucho.
—¡Oye!, aunque tienes razón, para eso es, ¿no? —Ambos rieron y se quedaron mirando como hipnotizados.
—Tenemos que prepararnos. —dijo Ethan cortando el momento semi-romántico.
—Mejor nos duchamos. —dijo Chloé tocándose el sudor de la frente.
—Sí será mejor. —dijo él levantándose y recogiendo su calzoncillo.
—¿Nos duchamos juntos?
—Antes tengo que saber una cosa. —dijo Ethan con un tono muy serio.
—¿Qué?
—¿Esto para ti ha sido simplemente un polvo?
—No. No sé lo que ha sido, pero no quiero que quede solo en un polvo.
—Bien, porque para mí tampoco. —Chloé se acercó al escuchar la respuesta de Ethan y le besó con euforia para luego darle un largo abrazo.

Fueron juntos al baño, que estaba dentro del camerino. El bajo tenía los azulejos naranjas y la cortina de la ducha también era de ese color. Hasta las toallas tenían unas flores bordadas en naranja. Se metieron dentro de la ducha y al abrir el grifo el agua salió congelada. Ethan giró el grifo hacia el lado caliente mientras Chloé agarraba un champú para ella y para él. El agua empezó a salir caliente y Ethan lo movió de nuevo al centro para que estuviera algo tibia y pudieran enguajarse. Al mojarse, el pejo anaranjado de Chloé se volvió rojo y parecía fuego. El pelo de Ethan también se oscureció, pero seguía igual de guapo.

Después de la ducha, tocó el momento de secarse y volver a vestirse para posar delante de la cámara con una sonrisa y sin tensiones. Dejando que cada foto reflejara la pasión que sentía el uno por el otro.