24 de mayo de 2012

Tropical fantasy - IV Capítulo: Mojados

Chloé saboreaba su sándwich vegetal y le daba algunos sorbos a su refresco sin gas, en la otra punta de la cama, Ethan reposaba boca arriba el bocadillo que acababa de comerse. Cuando Chloé terminó su sándwich, buscó mimos en Ethan que se había quedado dormido.

—¡Despierta! Tenemos que prepararnos para coger el avión.
—¡El avión!  —Ethan se levantó de la cama de un brinco.
—¿Qué hora es ya?
—Las siete menos cuarto.
—¿Ya? Pero si el desayuno nos lo trajeron a las seis.
—Nos entretuvimos comiendo.
—Mierda... estoy sin vestir, sin bañar, sin peinar, estoy horrible.  —decía Chloé mientras se miraba al espejo.
—Y llegaremos tarde como no te vistas y te peines ya.
—¡No encuentro mis zapatos!  —gritó Chloé mientras buscaba debajo de la cama.
—Los dejaste en el armario...
—¡Ah! Es verdad. ¿Y mi móvil?
—En tu bolso.
—¿Y mi bolso?
—En la mesa de noche...  —dijo Ethan mientras Chloé se ajustaba el vestido.  —Te lo estás poniendo al revés.
—¿El qué?
—El vestido...
—¡Mierda!  —Chloé se lo quitó para darle la vuelta cuando oyeron el teléfono sonar.
—Yo voy a cogerlo.  —dijo Ethan que salió corriendo.

Se trataba de Tom y, según lo que Chloé podía escuchar, estaba enfadado. Cuando por fin Chloé se puso el vestido bien, se hizo una coleta y se lavó la cara y los dientes en lo que Ethan terminaba de recoger sus cosas y las de ella. Chloé cogió su bolso, se lo colocó en el hombro y salió detrás de Ethan que ya estaba llamando al ascensor en el salón.

—Las siete menos cinco. —dijo Chloé mirando el reloj del salón.
—¿Todo bien? —preguntó la camarera.
—A ti qué te importa. —contestó Chloé entrando en el ascensor.
—Borde... —dijo Ethan bromeando.
—Esa tía no paraba de mandarte indirectas y miraditas aun sabiendo que estás conmigo, ¿y pretendes que no sea borde con ella?
—Está bien, olvídala.

El ascensor se abrió y ambos salieron corriendo. Entregaron las llaves de la habitación en recepción y se fueron sin decir adiós, corriendo hacia un taxi que les llevara al aeropuerto. Cuando llegaron eran las siete y diez y Tom seguía allí, enfadado.

—Hemos perdido el avión. —dijo Tom con mirada seria dirigiéndose a Chloé.
—¡Maldita sea! —dijo ella.
—El tuyo todavía no ha despegado, sale en diez minutos. Si te das prisa, llegas. —dijo Tom, esta vez, dirigiéndose a Ethan.
—¿Y vosotros qué?
—Esperaremos al siguiente vuelo que sale en dos horas.
—Tom... —Chloé empezó hablando aunque le tembló la voz. —Yo había pensado en irme a Nueva York con Ethan.
—¿¡Qué!? —Tom puso el grito en el cielo y todos se le quedaron mirando.
—Lo siento, es que él y yo... verás...
—Somos novios. —concluyó Ethan y le dedicó una amplia sonrisa a Chloé.
—¿Estás loca? Tus padres confían en mí para cuidarte y tú,... ¿te lías con alguien a quién no conoces?
—Lo conoces tú y sabes que es buena persona, de lo contrario no hubieras querido que trabajase contigo, ¿no? Además, muy poco te preocupaste por mí y por mis padres cuando me descubriste a solas en el camerino con él. No te importó porque estaba en juego el trabajo, ¿verdad? Tenías que aceptar que estuviera con él para que las fotos salieran bien y ahora que ya no hay fotos que hacer, me prohíbes lo que ayer aceptaste. Eres un hipócrita, Tom.
—No te consiento que me hables así, yo siempre te he protegido.
—Y te lo agradezco, sin ti no sería lo que soy ahora, pero no entiendo nada.
—Lo de ayer era distinto, Chloé. Era un lío con otro modelo al que no volverías a ver y al día siguiente cogerías un avión conmigo y te acompañaría a casa dónde estarías protegida y a salvo. Pero no te das cuenta que yéndote con él a Nueva York, estarás lejos de mí y de tus padres, de las personas que te quieren...
—Mis padres no me quieren, lo sabes. Y tengo derecho a ser feliz.
—Dios mío, Chloé, haz lo que quieras con tu vida... pero si te ocurriera algo, si comenzaras a dudar de lo que sientes y quisieras volver a casa, solo tendrías que llamarme y estaría en Nueva York con un coche esperando para llevarte de vuelta.
—Muchas gracias Tom, pero no creo que haga falta.

Chloé se despidió de Tom con un intenso abrazo y le pidió disculpas por cómo lo había tratado. Ethan se despidió con un apretón de manos y juntos caminaron a comprar un billete a Nueva York para Chloé y otro nuevo para él porque el avión que debía de haber cogido, estaba a punto de despegar. El billete que compraron era para dentro de tres horas y decidieron salir del aeropuerto y conocer un poco Miami antes de irse.

El paseo marítimo era precioso, cientos de palmeras teñidas de un color anaranjado a causa del sol que comenzaba a salir, un mar inmenso en el que se veían las aletas de unos delfines saltarines y jugetones, personas volando cometas y otras abriendo las puertas de sus negocios, sacando las mesas y las sillas a las terrazas y comenzando a servir las primeras cervezas del día o los primeros refrescos.

Caminaron durante una media hora por el paseo marítimo hasta que estuvieron cansados y quisieron tomar algo en un bar. Cuando terminaron de beberse cada uno un refresco, dieron media vuelta y comenzaron a caminar hacia el aeropuerto de nuevo, pero no para quedarse allí, sino para ver qué era lo que estaban montando al comienzo del paseo marítimo. Se trataba de un mercadillo, ropa, gafas de sol, perfumes, bisutería,... pero lo que más llamó la atención de Chloé fue un libro que llevaba tiempo buscando. Se lo compró de inmediato y cuando comenzaba a leer la primera página, Ethan le sorprendió por detrás colocándole un precioso collar hecho de caracolas muy pequeñas. Siguieron comprando durante toda una hora y cuando quisieron darse cuenta, tenían la piel de los hombros y de la nariz quemada. La piel de ambos es muy blanca y enseguida se fueron a comprar unas gorras. Chloé prefirió un sombrero de paja de color rosa con un lazito anaranjado en un lateral que no solo cubría su cara del sol, sino también sus hombros porque era muy grande y hacía mucha sombra; Ethan, en cambio, se compró una gorra que solo le cubría la cara y que era bastante fea, con un dibujo de unas palmeras y el nombre de Miami al lado. Pero protegían del sol, que era lo importante.

Siguieron mirando cosas aunque no compraron nada más y al cabo de una media hora, decidieron volver al aeropuerto para, esta vez, llegar temprano. Todavía quedaba una hora, pero se quedaron dentro, Chloé leía su libro nuevo e Ethan se aburría tanto que contaba las baldosas del suelo desde su asiento. Cuando por fin entraron en el avión, pudieron disfrutar del aire acondicionado y de asientos cómodos en los que descansar. Ya que la noche en el hotel la pasaron casi sin dormir.

Ya era la hora de almorzar y la pareja feliz seguía en el avión con un hambre atroz. La azafata les sirvió el almuerzo, pero la ensalada tenía vinagre y el pan estaba duro, así que Chloé no disfrutó mucho de su comida, Ethan en cambió no devoró el plato porque no pudo. Después de la comida, pusieron una película y cuando la película terminó, se encendieron las luces y la azafata anunció por megáfono que aterrizarían en diez minutos.

—Tengo ganas de llegar ya y saber cómo es tu apartamento.
—Ya te dije que sencillo.
—Bueno, aún así quiero llegar y conocer Nueva York...
—¿Nunca habías estado aquí?
—No, y me moría de ganas.
—Es una ciudad preciosa y allí tendrás muchas oportunidades de triunfar aún más como modelo.
—¡Vaya! Me acabas de poner los dientes largos, ya quiero llegar.
—Solo diez minutos más, tranquila. Yo también estoy nervioso.

Los diez minutos pasaron volando y la pareja feliz bajó del avión emocionada. Se cogieron de la mano y se subieron a un taxi que les llevó al pequeño y sencillo apartamento de Ethan. Chloé se quedó alucinando con los cuadros que colgaban de todas las paredes, había pintura abstracta, paisajes y retratos, en concreto había un retrato de una mujer morena muy guapa que parecía ser alguien importante para Ethan.

—¿Quién es esta mujer? ¿Una ex novia?
—Mi madre.
—Oh... vaya.
—Es un retrato de una fotografía que me dio mi padre de cuando mi madre era joven. En esa foto mi madre estaba embarazada de mí y tengo pensado regalarle ese cuadro por su cumpleaños.
—Qué detallazo.
—Espero que le guste.
—Le encantará.
—Gracias. ¿Quieres comer algo? En el avión apenas probaste la ensalada.
—Es que tenía vinagre... odio el vinagre.
—Algo más que ya sé de ti. —dijo Ethan sonriendo.
—Solo quiero agua... lo que quiero comer no está dentro de tu nevera...
—¡Vaya! Qué directa.

Ethan llenó el vaso de agua y se lo acercó a Chloé, quién torpemente, se lo derramó por encima mojándose todo el vestido.

—Buen remedio para el calor, eh. —dijo Ethan bromeando.
—Tonto, me mojé toda.
—Y el suelo también me lo mojaste. —dijo Ethan sin salir de su tono burlón mientras se acercaba a ella.
—No será lo único que moje. —dijo Chloé mientras vertía el poco agua que quedaba en el vaso en la cabeza de él.
—Serás... ¡ven aquí! —gritó al ver que Chloé se había echado a correr. Se metió en la primera habitación que vio con la puerta abierta y se encerró dentro. —¡Sal de ahí! —Chloé seguía maravillada ante lo que tenía frente a ella y abrió la puerta muy despacio.
—Mejor entra tú. —Ethan entró y ella le agarró la cabeza con las dos manos y le dio el beso más apasionado de todos.
—Te quiero. —dijo Ethan separando sus labios de los de ella.
—Y yo a ti.

2 comentarios:

  1. Aaaaww qué bonito :) Me gusta me gustaaaaa, jajaja. Esta historia va a ser más larga que Rexnata? Tiene pinta. Jo, es que me gusta mucho xD

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  2. Bueno pensaba que tuviera el mismo número de capítulos, pero lo cierto es que el final que quiero para esta historia queda un poco precipitado al final. Como en las novelas que todo es tragedia y llega el final muere el malo y todos se casan, tienen hijos y son felices. Así que no sé si dejar el final que quiero en el último capítulo y luego hacer un epílogo largo o hacer dos capítulos más (es decir, 6 en total) y luego un epílogo corto.

    No sé, en todo caso, te gustará el final. Besoos :)

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Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

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