20 de junio de 2012

Coconut - I Capítulo: Confesión

Nuku Hiva tenía hermosas playas de las que Ulani solía disfrutar antes de ir a trabajar. Sus hermanos en cambio preferían dormir hasta el último minuto, madrugar para ellos era algo impensable, sobretodo para Ariki, que siempre se quedaba hasta tarde en algún ritual polinesio que recreaba para los turistas.

El sol todavía no había salido, pero ya olía a comida en la casa de los tres hermanos. Ulani había vuelto de su baño en el mar, se había vestido con el uniforme de trabajo y ahora cocinaba para sus hermanos un delicioso plato de sopa caliente y pescado frito.

Una vez que despertó a sus hermanos y desayunaron, fueron caminando al Hotel Hanakee. Entraron por la cocina y saludaron al resto de personal que estaba todavía desayunando, como siempre. Ariki atravesó la cocina seguido de Hori, dejando a su hermana trabajar. Cuando llegó a la recepción, comenzó a recibir a los huéspedes, junto a Hori, que se encargaba de enseñarles el hotel y llevarles las maletas a sus habitaciones y de mantener siempre la limpieza al día, controlando que ninguna habitación se quede sin limpiar al finalizar la jornada.

Esa mañana estaba comenzando a llegar un montón de gente que ocuparía casi todo el hotel y que se quedaría por más de una semana, sin duda, eso ayudaría a la economía de los tres hermanos. Ulani ya tenía su delantal puesto y comenzaba a preparar las mesas del comedor para servir el desayuno, su trabajo en el hotel consistía en servir la comida, un trabajo que hacía sin quejarse y sin descansar.

Cuando el desayuno estuvo listo, Ulani se apresuró a servirlo. Los huéspedes tenían la opción de servirse ellos mismos, lo cual hacía que cada uno se sirviera grandes cantidades de comida en el plato que luego desperdiciaban, así que la bandeja de comida tenía que ser respuesta cada veinte minutos, o menos. Al no tener contacto directo con los clientes, Ulani no se fijaba mucho en los huéspedes, pero esa mañana, había tanta gente, y era tan inusual, que se quedó mirando fijamente las mesas llenas de turistas. Al fijarse en los clientes se quedó con la cara de una guapísima turista rubia de ojos verdes, pelo corto y risueña. Era encantadora y Ulani se quedó inmóvil al verla.

—¿Qué haces ahí parada?
—Perdone, es que nunca había visto el comedor tan lleno.
—Sí, es cierto, hace años que yo no veía algo así, pero sigue trabajando.
—Sí señora.  —Ulani obedeció a la jefa de cocina y siguió llevando y trayendo bandejas de comida.

Una de las veces, Ulani volvió a mirar a ver si veía a esa chica tan guapa, pero no la encontró porque esa chica tan guapa que Ulani había visto estaba hablando en ese momento con Hori.

—Ha habido un error, él y yo, —dijo la chica rubia de ojos verdes señalando a su acompañante. —no somos pareja.
—¡Disculpe!, enseguida hago que traigan dos camas separadas.
—Vamos Morelia, vas a hacer trabajar a este chico desde tan temprano. —dijo el acompañante.
—Jarek, no vamos a compartir cama, lo sabes. —dijo ella tajante.
—Como quieras... —Jarek agachó la cabeza avergonzado.
—Entonces, dos camas individuales, ¿verdad?
—Así es. —dijo Morelia.

Morelia siempre había sabido que su compañero de clase sentía algo más por ella de lo que él quería aceptar. Estaba locamente enamorado de ella desde el primer día, pero ella jamás había sentido nada por él, ni siquiera había sentido algo por otro chico, simplemente, nunca había tenido novio ni nunca lo había necesitado.

El desayuno había terminado y era hora de recoger el comedor, lavar los platos y preparar el almuerzo. Había carne de cerdo y de ternera, había lasaña, había arroz, había ensalada y mucha comida más que preparar antes de dos horas, que era cuando abrían de nuevo el comedor. Pero Ulani trabajaba tanto y tan rápido que sus compañeras acababan pidiéndole ayuda mientras ella descansaba esperando a que la comida se gratinara o a que se terminara de freír, ella siempre tenía algo que hacer.

—Ulani, prepara las mesas y pídele a tu hermano que te busque a alguien para limpiar el suelo, que los huéspedes lo han dejado todo sucio.
—Ahora mismo. —dijo Ulani y salió en busca de Hori.

Ulani sabía perfectamente que su hermano pequeño estaría ocupado, pero necesitaba que alguien la ayudara a limpiar porque sino no terminaría nunca de limpiar. Cuando se lo encontró en recepción, corrió hacia él para pedirle ayuda.

—¡Hori!, menos mal que te encuentro.
—¿Qué pasó?
—Nada, nada, pero necesito a alguien que baje conmigo al comedor y me ayude a limpiarlo.
—Uli... —así le decían Ariki y Hori a su hermana. —estoy liado con una huésped que quiere dos camas individuales y no una de matrimonio, y encima no encuentro a nadie que me pueda ayudar a mí, me verás cargando las camas por el ascensor como no encuentre a alguien.
—Y a mí me verás limpiando el comedor mientras Inas lo abre para que entren los clientes.
—Está bien, me ocuparé de ti, mientras, ve a limpiar y enseguida baja alguien a ayudarte.
—Gracias Hori, te debo una.
—Más bien mil, pero bueno... —Hori se echó a reír y luego salió corriendo en busca de alguien que pudiera ayudar a su hermana y de alguien que pudiera ayudarle a él.

Mientras tanto, Jarek buscaba a alguien que también lo pudiera ayudar a él a organizar una cena romántica en el comedor del hotel dónde pretendía declararle su amor a Morelia.

—¿Ulani?
—Sí, soy yo, ¿eres la que me va a ayudar con este desastre?
—Sí, tu hermano me ha encargado que baje, la verdad es que me lo hubiera pensado de saber que esto estaba así —la chica sonreía mientras miraba las mesas.
—¡No hay ni un mantel limpio!
—Tranquila, empezaremos por el suelo, los manteles los lavaremos y si no se secan antes del almuerzo, pondremos otros limpios.
—No hay tantos, siempre hay una docena o poco más de repuesto, pero no da para todas las mesas.
—Bueno, ya veremos cómo lo hacemos, ahora vamos a ponernos manos a la obra.

Ulani obedeció y entre las dos consiguieron dejarlo todo limpio antes de la hora del almuerzo, con la ayuda de Inas, consiguieron un juego de manteles que estaba guardado y que bastaba para todas las mesas. Las bandejas con comida ya estaban sirviéndose y solo faltaba rellenar la máquina de refrescos de la entrada.

—Menudo día, estoy agotada. —se quejó Ulani sentándose en una silla.
—Pues lo siento. —dijo Inas, la jefa de cocina. —Esta noche tendrás que hacer turno doble para atender a unos clientes que quieren un poco de intimidad en la cena.
—¿Intimidad?
—Por lo visto él le quiere pedir matrimonio a ella, así que estaremos todos aquí  para celebrarlo cuando la chica dé el sí.
—Está bien, ¿mis hermanos también se quedarán?
—No, ellos no son camareros. —dijo Inas antes de darse media vuelta y salir por la puerta.

El almuerzo se sirvió con tranquilidad, pero Ulani no pudo salir de la cocina porque tenía que seguir trabajando. Se encargaba de cocinar más comida para reponer las bandejas dentro de unos minutos y no daba abasto, así que no pudo ver de nuevo a Morelia que comía en una mesa cercana a los ventanales del comedor junto a Jarek que no paraba de mirarla imaginándose lo feliz que sería si esa noche ella le correspondía.

Los huéspedes que entraron a comer los primeros se fueron yendo y comenzó a entrar el resto. El comedor volvió a llenarse en segundos y las bandejas tuvieron que ser repuestas con rapidez. Cuando los últimos huéspedes salieron del comedor, llegó la hora del almuerzo de los trabajadores. Todos los camareros se reunieron alrededor de una mesa y comieron de la comida que había sobrado de la segunda tanda de bandejas. Ulani y todos los que se quedarían esa noche hasta tarde debían comer bien porque no tendrían tiempo de cenar a la noche.

—Estoy cansadísima Jarek, esta noche no me apetece fiesta.
—Pero vamos Morelia, estamos de viaje en Nuku Hiva, tenemos que disfrutar.
—Disfrutaré durmiendo, créeme.
—¿Pero no lo entiendes? Cuando regresemos a Polonia ya tendrás tiempo de dormir, ahora tenemos que bailar, beber, reír y.... —Jarek enmudeció.
—¿Qué más?
—Enamorarse, este lugar es idóneo para enamorarse.
—No digas chorradas Jarek y si quieres que baje esta noche a la fiesta del hotel, tendrás que dejarme dormir toda la tarde.
—Está bien, te despertaré para la fiesta.
—Gracias. —Morelia se abrigó con una fina sábana y se quedó dormida en segundos.

Llegó la noche y la cena de los huéspedes ya estaba servida. Ulani se encargaba de preparar una mesa especial, con velas y apartada del resto. Incluso había un pequeño jarroncito con rosas recién cortadas del jardín de al lado de la piscina. Cuando los huéspedes terminaron de cenar, Inas se encargó de cerrar el comedor hasta la llegada de la, según ella, feliz pareja.

Era el momento de elegir al camarero o camarera que se encargaría de quedarse a la vista de los enamorados para servirles en todo, mientras, el resto, se quedaría en la cocina terminando la jornada. Entre las camareras con más experiencia estaba Ulani que llevaba más de siete años siendo camarera y, como ese día, había trabajado tanto, Inas decidió recompensarla dejándola al cargo de la feliz pareja y no limpiando platos en la cocina.

Así que Ulani se quitó el delantal y la rejilla del pelo que usaba para cocinar. Inas y el resto de camareros y camareras se fueron a la cocina y en cinco minutos, bajaron al comedor Jarek y Morelia.

—Buenas noches. —dijo Jarek con una amplia sonrisa.
—Bue... nas noches. —respondió Ulani con dificultad tras ver quién era la feliz enamorada. —Vuestra mesa es esta de aquí.
—Gracias. —respondió Jarek de nuevo con una sonrisa.
—Jarek, dame un motivo para no enfadarme contigo y salir de aquí corriendo.
—El motivo es que te amo, Morelia, desde que te conocí. —respondió Jarek en voz baja, pero lo suficientemente alto como para que Ulani lo escuchara.
—¡Pero yo a ti no!, ¡Jamás te he dado motivos para que pienses eso!
—¿Cómo qué no? Sé que intuías que me gustabas y aún así dejaste que siguiéramos siendo amigos y aceptaste venir aquí conmigo de viaje.
—Porque era un viaje entre dos amigos que querían celebrar que habían acabado la carrera, no un viaje de enamorados, Jarek, porque yo no estoy enamorada de ti.
—Pero, ¿por qué?
—¡Porque no puedo!
—¿Qué?
—No puedo enamorarme de ningún hombre, prefiero... prefiero a las mujeres. —Morelia se ahogó en sollozos y salió corriendo del comedor.

Ulani la vio marchar entre lágrimas y su corazón se encogió de tristeza, sabía lo duro que tenía que ser para ella confesar eso porque ella también conocía ese dolor, el de esconder lo que sientes por miedo a ser rechazada o a quedarte sola para siempre.

1 comentario:

  1. ¡ZASCA! Pobre Jarek en realidad, pero me mola, me molan las historias homosexuales, tal vez porque es algo a lo que no estoy acostumbrada (en literatura, me refiero). Ay, quiero saber qué pasará entre Morelia y Ulani. Por cierto, creo que llamé Ulani a un personaje de un relato que nunca llegué a acabar, me encanta el nombre :)

    ¿Como te ha ido el examen, Tahis? Creo recordar que hoy tenías uno, jajaja. Espero que súper, ya me dirás.

    Yo ahora me voy a poner a escribir un nuevo cap. de MSRD que en realidad empecé ayer, tal vez lo publique esta noche ya que me parece que hoy no voy a salir del trabajo hasta las 3 y pico...

    Besos guapa :)

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Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

¡Gracias!