18 de junio de 2012

Tropical fantasy - Epílogo

Cuatro años más tarde

Ethan estaba muy nervioso, era la primera vez que Chloé tocaría una canción propia delante de un público tan exigente, pues eran ni más ni menos que pianistas profesionales, pero ella no parecía asustada, todo lo contrario. Chloé siempre había sabido ponerse metas a sí misma y cumplirlas a la perfección, era un persona muy tranquila y si estaba nerviosa, no lo dejaba ver.

Esa tarde hacía frío y Chloé estaba mirando qué abrigo ponerse con el conjunto que tenía elegido desde hacía semanas. Su vestido era rojo de pedrería y tenía un bonito escote por la espalda, Chloé lo sabía conjuntar con unos preciosos zapatos también rojos y con su larga melena anaranjada peinada a un lado y recogida en un bonito lazo. Pero de todos los abrigos que tenía, no sabía cuál podía combinar con el vestido.

La casa en la que vivían ahora Ethan y Chloé estaba en Miami, el lugar donde se conocieron y dieron rienda suelta a su pasión por primera vez. Paseaban a menudo por el mismo paseo marítimo y tomaban siempre los mismos refrescos en los mismos bares. Parecía que el tiempo no hubiese pasado para ellos y que siguieran viviendo como hacía cuatro años, pero ahora lejos del bullicio de la ciudad de Nueva York.

Chloé por fin dio con un abrigo negro de piel sintética que quedada muy bien porque le cubría todo el cuerpo, así nadie vería su espectacular vestido hasta que no se lo quitara para salir al escenario.

Ethan estaba esperando en el coche a que Chloé acabara de arreglarse y bajara, mientras tanto, escuchaba música en la radio y cantaba en voz baja para olvidar sus nervios. Cuando Chloé tocó la ventanilla del coche, Ethan se sobresaltó y abrió los ojos.

—¿Te habías quedado dormido?
—No, estaba intentando relajarme con la música.
—Pues parecía que estabas en el quinto sueño, oye, ¿te gusta el abrigo?
—Sí, te queda bien. —Ethan arrancó el coche y dio marcha atrás para salir del aparcamiento.
—¿Sigues nervioso?
—Sí, ¿tú no?
—Creo que no lo estaré realmente hasta que no vea a toda la gente del público.
—Bueno, cuando estés allí, será tarde para tener nervios, en ese momento tienes que tener la mente en blanco y solo pensar en tu canción y en hacerla tan bien como hasta ahora.
—Lo sé, lo sé, tranquilo.

El piano estaba listo, Chloé era la primera en actuar y salió al escenario con su vestido rojo. Tras el aplauso, se sentó en la butaca y comenzó a acariciar el piano con los ojos cerrados, era su modo de concentrarse. En seguida tocó la primera tecla y se dio cuenta de que ya no había marcha atrás, ahora tenía que seguir tocando hasta el final con concentración y, como había dicho Ethan, mente fría.

El sonido del piano envolvía toda la sala, los más críticos fruncían el ceño y los demás disfrutaban con la melodía. Minutos más tarde, Chloé se levantó de la butaca e hizo una reverencia de agradecimiento al público, seguidamente el público la aplaudió y una mujer de unos treinta años salió al escenario a presentar al siguiente pianista. Mientras, Chloé salía del escenario por un lateral para encontrarse con su profesora, que había ido a verla. Ésta la felicitó y Chloé pudo darse por satisfecha, su debut como pianista había sido un éxito.

Ethan esperaba a su novia sentado entre el público de las cinco primeras filas, pero Chloé no recordaba cuál. Cuando lo encontró, se sentó a su lado y le cogió la mano muy fuerte. Escucharon al resto de pianistas y por fin, cuando todos habían tocado, volvieron a subir al escenario para escuchar quién sería el ganador y por tanto quién se llevaría un premio: tocar en el mejor anfiteatro de Londres acompañado del mejor pianista del mundo, Lang Lang.

Y nerviosa, Chloé miró a la pantalla donde aparecería el nombre del ganador y pudo leer el nombre de otro concursante, y no el de ella. Una lágrima de frustración recorrió todo su rostro, pero nadie pudo percatarse porque ella seguía aplaudiendo y sonriendo por su compañero. Y cuando estuvo fuera del escenario, Ethan corrió a consolarla.

—No tenía que haberme hecho ilusiones con Londres.
—Te equivocas, has logrado actuar aquí y eso ya es mucho.
—No lo es.
—Sí lo es, además, el hombre que estaba sentado al lado mío, me dijo que el ganador lleva presentándose cinco años consecutivos a este concurso.
—¿Cinco años?
—Sí, ¿lo entiendes? Tú hace cinco años no sabías tocar el piano, y en todo ese tiempo has logrado más que él.
—Aún así, yo quería conocer a Lang Lang y trabajar con él en Londres.
—Tendrás más oportunidades, de momento, puedes seguir trabajando desde casa con tu profesora y si quieres, podemos contratar a más gente para que practiques.
—Gracias, pero no hace falta, además, tampoco podré presentarme el año que viene.
—¿Por qué?, ¿estás pensando dejarlo?
—No lo pienso, tengo que hacerlo.
—No te entiendo.
—Ethan, ¿tú me quieres?
—Claro, ¿a qué viene eso?
—¿Te acuerdas de hace tres años cuando me quedé embarazada?
—Cariño, eso fue muy triste, no lo recuerdes.
—Sí lo recuerdo, aborté porque pensaba que no podía hacerme cargo de ese bebé y llevo tres años arrepintiéndome de esa decisión.
—¿Es por eso por lo que necesitas un descanso?
—No, no es por eso.
—¿Entonces?
—Vuelvo a estar embarazada, Ethan.
—¡¿Qué?!, ¿por qué no me habías dicho nada antes?
—Porque lo supe hace dos semanas, y estabas nervioso con lo de esta noche y no quería darte más preocupaciones.
—No hubiese sido una preocupación.
—Da igual, el caso es que este bebé quiero tenerlo, Ethan, lo quiero. —Chloé rompió a llorar.
—Vale, tranquila, lo tendremos, si yo estoy feliz.
—Por eso quiero tomarme un descanso, para poder cuidar a mi hijo como se merece, ya que sus abuelos maternos no están y los paternos viven a kilómetros de aquí...
—Está bien, pero siempre podemos trabajar desde casa. Yo puedo pintar en mi despacho y tú tocar el piano en el salón, incluso modelar, en las fotos saldrías muy atractiva embarazada.
—Ya... es una pena que Tom no esté con nosotros para celebrarlo, le hubiese gustado ver nacer a mi hijo.
—Sí, pero las enfermedades del corazón son muy peligrosas, y más si eres una persona tan nerviosa como Tom.
—Aún así, siempre se portó bien con nosotros, y cuando nos sacaron aquellas fotos en el Central Park, se enfadó muchísimo, ¿recuerdas?
—Como para olvidarlo.
—Pero nos pidió disculpas, nos admitió de nuevo en su equipo y se encargó de limpiar nuestra imagen, por segunda vez y nos ayudó cuando se enteró de que había abortado.
—Lo sé, oye, ¿qué te parece si le ponemos Tom al bebé?
—¿Y si nace niña?
—Si nace niña no sé, pero, ¿te gusta la idea?
—Me encanta.

Ethan y Chloé salieron cogidos de la mano hacia el coche y regresaron a su casa. Comenzaba a llover y tenían frío, así que se abrigaron con un edredón y dejaron escapar algunas risas antes de comenzar a desnudarse. Las risas se convirtieron en gemidos cada vez más fuertes, Chloé estaba feliz, pese a no haber ganado el concurso y se notaba. Ethan estaba también feliz, saber que iba a ser padre le encantaba, aunque tres años atrás, tuviera que aceptar la decisión de Chloé porque no tenían dinero ni trabajo.

Chloé se agarró con fuerzas a las sábanas de su cama y siguió moviendo sus caderas hacia arriba y hacia abajo, manteniendo el ritmo y la constancia, y Ethan, encantado de no tener ni que moverse, porque Chloé lo hacía todo.

Al amanecer, Chloé estaba en el baño limpiándose la boca después de vomitar, Ethan dormía profundamente ajeno a todo y Tom crecía dentro de su madre a gran velocidad. En el despacho de Ethan había varias obras valoradas por muchos miles en las grandes galerías de arte que Ethan presentaría dentro de dos días. El piano de Chloé seguía esperando que ella lo tocara, pero en esos momentos, Chloé prefería modelar y sentirse guapa después de verse vomitando a cada hora.

Cuando Ethan presentó las obras a subasta, ganó tantísimo dinero que en seguida contrató a un carpintero para que hiciera una cuna a su bebé que fuera sorpresa para Chloé. La cuna era única, una cuna de gran tamaño y pintada de varios colores. Le compró a Chloé algunas joyas y encargó para él las mejores pinturas del mercado.

El éxito de las fotos de Chloé con su barriga de pocos meses de embarazo fue un hecho, tal y como había predicho Ethan. Su casa había sido remodelada y ahora parecía de revista. El cuarto de su pequeño Tom, estaba siendo pintado con dibujos en las paredes y en el techo. El armario ocuparía gran parte de una de las paredes y el niño tendría escondite propio con un pasadizo "secreto" dentro del armario.

Los meses siguieron pasando y Chloé ya estaba a punto de parir, Ethan, como siempre nervioso y su casa, por fin parecía una casa. No eran solo muebles en cuatro paredes, eran los colores de esas cuatro paredes, la fotografías que colgaban en ellas, los recuerdos de cuando compraron los muebles, etc. Era toda una casa personalizada, al gusto de Ethan, mayoritariamente.

—Estoy nervioso, Chloé.
—Lo sé, siempre lo estás.
—¿Estás segura de que estás bien?
—Ethan, solo me cuesta levantarme del sillón, pero porque la barriga me pesa tres kilos y medio más.
—¿Te ayudo?
—No, ya puedo sola. —Chloé hizo un esfuerzo y se puso de pie.
—¿Qué es esto? —Ethan señaló a una mancha roja del sofá. —¿Es sangre?
—¡Mierda!, Ethan, he roto aguas.
—¿Ya? Pero si el médico dijo...
—¡Ethan!, se adelantó, ¿no ves? Date prisa.
—¿Qué quieres que haga?
—¿Llevarme al hospital?
—Claro...

Los nervios de Ethan ponían más nerviosa a Chloé, por eso, Chloé prefirió que Ethan se quedara fuera a la hora del parto.

—Esto no va a salir bien si no empujas más fuerte.
—¡No puedo más!
—Sí que puedes, venga. —Chloé hizo el último esfuerzo y cayó inconsciente en la camilla.
—El bebé está fuera, reanimad a la madre, vamos.
—No reacciona, ¿qué hago?
—Llama al doctor, no la podemos perder. —la matrona salió de la habitación donde estaba Chloé y Ethan la interrumpió.
—¿Mi novia está bien?, ¿y el bebé?
—El bebé está bien, pero ella se ha desmayado y no reacciona, aunque no es grave.
—¿Puedo verla?
—No, usted quédese aquí. —Ethan obedeció aunque se moría de ganas por saber cómo estaba Chloé.
—Doctor, lo siento mucho, ya ha vuelto en sí.
—Bueno solo fue un susto, me alegro de que esté todo bien. —dijo el doctor antes de marcharse de nuevo.
—¿Doctor?, ¿qué ha pasado?, ¿por qué sale tan rápido?
— Su mujer ha vuelto en sí, tranquilo. —Ethan sonrió y la matrona de antes salió con el bebé en brazos.
—Hola Tom... llevaba meses queriendo conocerte.
—¡Ethaaan!, ¡Ethaaan! —Chloé gritaba de dolor a la única persona que tenía en el mundo.
—Cariño, tranquila, ya está todo bien, ¿vale?
—Sí, pero quédate conmigo.
—Siempre.

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