23 de julio de 2012

Ekaterina [3/3]

10 días más tarde

Katia tenía trabajo de sobra en la tienda Nelli cada día. Decenas de mujeres entraban cada hora en busca de zapatos de tacón para fiestas, trajes de chaqueta para oficina, vestidos de noche para citas especiales y muchas cosas más. Lo cierto era que la tienda siempre estaba llena de gente que todo lo miraba, todo lo tocaba y todo lo dejaba mal puesto. Katia iba detrás, lo ponía en su sitio con sumo cuidado, limpiaba y ordenaba el inmenso almacén y aprendía a manejar la caja registradora para encargarse de la tienda cuando Nelli, la dueña, tenía que salir.

Esa mañana había poca clientela, siempre pasaba lo mismo los lunes por la mañana, ninguna mujer de clase alta madrugaba y menos un lunes. Así que había aprovechado para limpiar los cristales del escaparate. Llevaba su uniforme de limpiadora, pero se notaba que había mejorado su aspecto de días antes. Todo fue cuando le contó a Nelli su situación, no le dijo que había salido de la cárcel ni que había matado a su marido y a la amante de éste, pero sí le dijo que era pobre. Y Nelli se apiadó de ella regalándole ropa de la tienda y dándole un pequeño adelanto de su sueldo. Con eso, Katia pagó el agua y la luz de su casa y pudo vivir algo mejor.

En el bar, en cambio, sí que había clientela. Los borrachos tampoco madrugan, pero los grandes empresarios quieren su café matutino para despertarse del todo y empezar la jornada con mejor humor. Y ahí estaba Roman, sirviendo café a todo tipo de empresarios: banqueros, arquitectos, diseñadores de moda, aseguradores, etc. Pero Katía y él habían diseñado un truco para comunicarse que salía mucho más barato que los móviles. Y era algo complicado y solo servía para Katia, pero aún así, funcionaba.

El truco consistía en tocar una campana. En el bar, por cada propina, Roman o su jefe tenían la costumbre de tocar una pequeña campana que estaba en la puerta del bar. Pero esta era más grande que las campanas normales de los bares y, por tanto, hacía más ruido. Como el bar estaba cerca de la tienda, si prestabas atención, se oía la campana y así, Katia sabía si había mucha clientela en el bar o no, ya que todos los clientes dejaban propina por ser empresarios adinerados que se sentían bien con ellos mismos al hacerlo.

Esa mañana Katia, que estaba en la calle limpiando los cristales del escaparate, oyó la campana más de diez veces. Así que ni se le ocurrió la idea de ir a hacerle una visita a Roman. Pero pasó la mañana, llegó el mediodía y comenzaron a llegar las primeras clientas y Nelli le pidió a Katia que le fuera a comprar agua al bar. Y Katia sabía perfectamente que Roman estaría libre porque no había escuchado la campana y, por tanto, que podrían charlar un rato tranquilamente.

—Estoy tan contento trabajando aquí y mi jefe conmigo... que parece un sueño.
—No lo es, es real. Mi primer sueldo llegará dentro de poco, pagaremos a alguien para que fumigue la casa y cambiaremos algunos muebles que estén viejos. Tendremos un salón y una cocina decente y podremos vivir allí felices.
—Katia, nos conocemos de dos semanas y parece que sean dos vidas.
—Tonto. —Katia rió, pero se sonrojó.
—Es cierto, estoy tan enamorado...
—Igual que lo estoy yo de ti, jamás pensé poder encontrar el amor y menos a mi edad... pero aquí estamos.
—Cuando llegue mi sueldo también lo utilizaremos para la casa, con él compraremos comida y los muebles nuevos.
—Tampoco nuevos, de segunda mano serán más baratos.
—Me da igual... mientras no tengan bichos... —ambos se echaron a reír y se miraron a los ojos, felices y enamorados.

Después de comprar el agua, Katia se fue a la tienda y se quedó allí trabajando hasta la noche. Esperó a Roman, que salía un poco más tarde, sentada en la plaza. Cuando Roman salió fueron juntos caminando hasta su casa. Más de cuarenta minutos a paso ligero.

—Estoy agotada, entraron un montón de clientas en busca de un vestido para una amiga y revolvieron todo... y luego yo a recogerlo.
—¿Nelli no te ayuda?
—No, ella me paga para que lo haga yo. Solo me ayuda cuando estamos a punto de cerrar y no he terminado.
—Entonces... no te apetecerá un baño juntos, ¿no?
—Ahora que tenemos agua hay que ahorrarla.
—¡Cierto! No podemos malgastarla.
—Pues corre, vamos a la ducha.

Allí se ducharon juntos. Roman se refrescó con el agua todo su cuerpo y salpicó a Katia que seguía desvistiéndose. Luego le acercó el agua y la fue mojando. Ella estiró su brazo y cogió un bote de champú que había comprado con su adelanto y se puso un poco en la mano. Cuando cerró los ojos para lavarse la cabeza, Roman se echó gel en las manos y las frotó hasta hacer espuma. Luego pasó sus manos por la espalda de Katia, por sus nalgas, por sus piernas y Katia se dio la vuelta. Ambos sonrieron. Roman subió de nuevo por las piernas, hizo un rodeo y fue a parar a las caderas de ella, pasó por su ombligo, subió por sus pechos y llegó al cuello. Agarró con fuerzas la nuca de Katia y la acercó a su boca para besarla.

Salieron de la ducha envueltos en una toalla y se fueron a la cama donde siguieron con las caricias, los besos y finalmente hicieron el amor como dos locos enamorados que se querían con locura y que conocían mejor que nadie que hay que vivir la vida intensamente y no desperdiciar ni un momento de ella. Se abrazaron al terminar y se dieron un cálido beso hasta que el sueño les pudo y acabaron durmiéndose abrazados con sus cuerpos mojados del agua de la ducha y del sudor del sexo.

2 comentarios:

  1. Me gustaaaa qué lindos los dos, ays, espero que nada se les tuerza... ¡Roman me encanta, es muy mono! :)

    Por cierto ayer me dijiste que ibas a publicar uno nuevo de RV o me lo he inventado? porque he entrado para leerlo, jajaja. Bueno, así he podido leer esta historia que también me gusta.

    He publicado nuevo cap de MSRD, creo que te gustará tirotí jajajaja.

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  2. No, no te lo inventaste, pero es que he decidido cambiar el rumbo de la historia y darle otro final. Este me gusta muchisimo mas y creo que a ti también te gustará. Tengo ganas de escribirlo ya xD

    Ays, pues me paso por tu blog para leerlo ya mismo ;)

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Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

¡Gracias!