14 de julio de 2012

Red Velvet - VI Capítulo: Juicio

Los días pasaron con mayor rapidez de la normal, o eso era lo que le parecía a Carla que estaba continuamente del consultorio a su casa y de su casa al consultorio. En el juicio, Agus iba a ser juzgado por los delitos cometidos para la banda y, gracias al empeño de Josefina, había decidido contar lo de las amenazas a su abogado y éste le había recomendado decirlo cuando lo nombraran a subir al estrado. Allí, mirando al jurado, dijo que actuó bajo amenazas de muerte hacia su sobrino y hacia su novia.

Carla no pudo creerse lo que estaba oyendo, en ese momento todos los ojos se posaron en ella, pues dicho noviazgo no existía, y ella desconocía que Agus iba a contar eso. Lo hizo para que pareciera que su relación con Carla era todavía más estrecha e íntima y así hacer parecer al jurado que la amenaza de la banda le había afectado todavía más. El jurado dejó de mirar a Carla que estaba sentada en el banquillo de los acusados, al lado del abogado de Agus, y siguió mirando a Agus.

Josefina y Martín escuchaban le escuchaban relatar lo sucedido con todo tipo de detalles, a su lado también estaba Magdalena, que había viajado de los Estados Unidos al saber lo que había pasado con su hermano pequeño.

El juicio pasó lento, pero ya era el momento del veredicto del jurado, que llevaba más de veinte minutos reunido. Así pues, el jurado se puso en pie, al igual que el acusado: Agus, su abogado, los chicos de la banda y el abogado de éstos.

—El jurado declara al acusado: Agustín Oliviera, culpable de robo con arma blanca y tráfico de drogas.

El juez asintió con la cabeza y sentenció la condena:

—Agustín Oliviera deberá permanecer dos años en la penitenciaria de Brasilia por el delito de robo con arma blanca y cinco años en el mismo lugar por el delito de tráfico de drogas, e inclusive, su mezcla con otros productos que pueden causar daños irreversibles en la salud del consumidor.

Los de la banda sonrieron, pero para ellos también había un veredicto:

—El jurado declara a los acusados: André Silva, Duarte Cortés, Silverio Ferreira, Mauro Silva y Danilo Costa; culpables de robo con arma blanca, amenazas de muerte, allanamiento de morada y tráfico de drogas.

El juez volvió a asentir y sentenció de nuevo otra condena:

—André Silva, Duarte Cortés, Silverio Ferreira, Mauro Silva y Danilo Costa deberán permanecer, cada uno, dos años en la penitenciaria de Brasilia por el delito de robo con arma blanca, tres años por las amenazas y seis meses por el allanamiento de morada de la señorita Carla Medina. Finalmente, por el tráfico de drogas, ocho años.

Carla, Josefina y Magadalena se llevaron la mano al pecho, estarían sin Agus siete años. Es imposible decir cuál de las tres se sentía peor, pero sin duda, la culpabilidad que sentía Carla sí que era superior a la que sentían las otras dos. Sabía perfectamente que si hubiera aceptado ser novia de Agus y lo hubiera apoyado más, él no hubiera necesitado volver a la banda y se hubiera enfrentado a ellos costase lo que costase.

En seguida la gente comenzó a salir de la sala a toda prisa y los agentes se llevaron a los chicos de la banda y a Agus esposados. Josefina se echó a llorar y Magdalena la consoló con un abrazo. Carla, se levantó para irse y antes buscó a Agus con la mirada, esperó a que él también la mirara y luego sonrió levemente y le picó un ojo que le transmitió confianza y cariño a Agus que le devolvió el gesto y una sonrisa más cómplice y sincera que nunca.

Todos volvieron al pueblo a la noche, Carla ya no disponía de la camioneta de Paulo, no porque el amable leñador no la tuviera, sino porque después de que lo que pasó, no quería prestársela a nadie más. Cuando llegaron al pueblo todos se quedaron mirando a Josefina sin atreverse a preguntarle lo que había pasado con su hijo y, finalmente, fue Magdalena la que se dirigió a ellos para contarles lo sucedido. Carla no pudo aguantar ver a Josefina y a Martín aguantando las lágrimas sin sentirse todavía más culpable. Corrió hasta su casa y se encerró en ella.

Sabía que los chicos de la banda tenían familia y que éstos también estaban volviendo al pueblo del juicio. Le entró el pánico al imaginarse que querían vengarse de ella y corrió al comedor a mover el sofá hacia la puerta. Taponó la puerta con él y luego fue hacia su habitación donde estaba la mayor ventana de todas y la vio abierta. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, el sudor no tardó en aparecer en manos y pies y el corazón comenzó a latir a unas velocidades de vértigo.

Se dio media vuelta, aterrorizada y temblorosa, vio una sombra en el baño que se encontraba justo al lado de su habitación e, inconscientemente y también tontamente por su parte, caminó hacia la sombra. Luego solo sintió un golpe y una luz blanca cegadora que no le permitía abrir los ojos y ver con claridad. Se intentó mover, pero no pudo.

Estaba tumbada, pero no reconocía el lugar. Olía a limpio, pero también a comida. Levantó una mano y la llevó a su cabeza. Sangre. De repente se sintió mareada y más nerviosa, no sabía qué había pasado. Poco a poco abrió los ojos de nuevo y vio una mesa. Esa mesa le era familiar, como no, era su mesa. Pero no estaba en su casa, estaba en el consultorio. Se preguntó cómo había llegado hasta allí y se puso en pie. Luego alguien la agarró de la cintura y la condujo de nuevo a la camilla. No podía abrir bien los ojos, pero reconoció la voz al instante y se sintió protegida, era Josefina.

2 comentarios:

  1. Eres una experta en dejarme con las ganas de más! Jajajaja, que quiero saber quién le ha hecho eso a Carla! Jooo no quería que Agus fuese a la cárcel... :( Otro, otro, otro!!

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  2. ¡Jijiji! Lo sabrás pronto que me he propuesto escribir uno cada día hasta acabarla!! :)

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Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

¡Gracias!