29 de agosto de 2012

Red Velvet - Epílogo

17 años después

—Papá, sé que no puedes oírme ni verme ya. Lo único que me consuela es saber que algún día estaremos juntos de nuevo igual que a mamá, solo nos consuela eso. Ya estoy buscando con ella las mejores universidades de Portugal para irme a estudiar el año que viene. Quiero estudiar lo mismo que mamá, pero también me gustaría dedicarme a algo más artístico, como tú. Tú conseguías hacer de un plato de comida una obra maestra, tenías dotes para la pintura y la escultura y creo que yo los he heredado. Así que mientras me formo para ser médico, tengo pensado acudir a clases de pintura. Esas son todas las novedades por ahora, pero prometo venir a visitarte cada día hasta que me vaya a estudiar fuera, y, desde allí, rezaré cada día por tu alma igual que lo hace la abuela y la tía Magda. Por cierto, se me había olvidado decirte que la novia de Martín, tu Nano, está embarazada de un niño. Martín quiere ponerle Agus en tu honor y su novia está de acuerdo, así que creo que habrá un pequeño Agus correteando por las calles de Florida muy pronto. Ahora me voy con mamá, que poco a poco va aceptando tu muerte. Prometo cuidarla cada día, no te preocupes por eso, que amor de mi parte no le faltará. Hasta siempre, papá.

Amelia era una joven de dieciséis años que había heredado los rizos negros de su madre y los ojos azules de su padre. La piel tostada por el sol y sus medidas perfectas la hacían más preciosa aún, pero ella no le daba importancia a su belleza, ni siquiera la acentuaba con maquillaje o con ropas ceñidas. Ella prefería estudiar para ser la mejor médico de Portugal, una digna heredera de la doctora Ximena Villalba.

—Amelia, cariño, ¿dónde te habías metido? —preguntó Carla levantándose del sofá.
—Fui a visitar a una amiga, mamá.
—¿A una amiga o a papá? —Amelia miró a su madre a los ojos y luego bajó de nuevo la mirada, triste.
—Tranquila, poco a poco lo voy aceptando. Aunque cuesta, cuesta mucho. Si hubiese sido una muerte por una enfermedad, al menos hubiera tenido tiempo de despedirme. —Carla se ahogó en sus lágrimas.
—No mamá, hubiese sido peor. Piénsalo, te hubieras roto la cabeza por curarlo de esa enfermedad y ahora estarías mortificándote por no haber podido hacerlo. O peor: habrías hecho sufrir a papá.
—Tienes razón, soy una egoísta. Pero lo echo tanto de menos...
—Es lógico, solo han pasado unos meses desde el accidente, pero tienes que seguir siendo fuerte.
—Lo sé, pero no puedo. Solo me quedas tú para ser fuerte y tú ya eres una mujercita que no necesita de mi ayuda para nada.
—Claro que te necesito. Aquí todos te necesitan y te quieren porque eres la mejor médico, la mejor madre y la mejor amiga que conocen.
—¿Tú crees? —Carla sonrió.
—Y tanto que lo creo, eres la mejor, mamá. Además, te seguiré necesitando aunque sea una viejecita, así que tendrás que durar muchos años más.
—Prométeme que vendrás a verme cada fin de semana. Pagaré yo de mi bolsillo los billetes de tren, de avión, o de lo que quieras coger. Pero te necesitaré aquí cada fin de semana.
—Y entre semana si las clases me lo permiten. Tú por eso, tranquila. Ahora vamos a salir de aquí, demos una vuelta.
—Está bien, ¿a dónde?
—Vamos a la playa, a pasear por la orilla y comer helados.
—Me parece una idea fantástica.

Madre e hija pasearon por la orilla mojándose los pies y refrescándose con unos helados. Entonces Carla comprendió que debía ser fuerte por su hija, aunque Amelia tuviera ya dieciséis y fuese una chica a punto de emprender una aventura universitaria muy lejos de ella, se necesitaban la una a la otra. Había huido de su país con el hombre al que amaba, había formado una familia, había conseguido el trabajo de sus sueños y había ayudado a su marido a conseguir el suyo como chef de un restaurante que ahora lo regentaba ella. El restaurante Lagus.

El accidente le había arrebatado a su marido, sí, pero no a su hija ni a su vida como médico. Todavía le quedaban cosas por las que vivir. Con apenas cuarenta y tres años recién cumplidos, tenía por delante toda una vida y quién sabe, quizá dentro de unos años encuentre a alguien que la haga feliz. Nunca podrá volver a sentir el mismo amor pasional y loco por otro hombre, pero, ese paseo con su hija le hizo ver que todavía podía tenía cosas por las que luchar.

2 comentarios:

  1. Qué boniiiito,a pesar de que me da pena que Agus esté muerto me ha gustado mucho este final Tahis :) Por cierto cuando dices "los rizos negros de su padre y los ojos azules de su padre" imagino que en realidad los rizos negros son de su madre :P

    Esperaré por esas tres historias que mencionas! Espero que estés de vuelta muy pronto con ellas, y tendrás la mía de piratas para leer.

    Besitos guapa!

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  2. Jaja gracias por la corrección :P son ese tipo de fallos que no te das cuenta cuando los escribes porque vas rapidísimo.

    Con las tres historias me refiero a Rexnata, Tropical fantasy y esta. Para ti que ya las has leído todas... creo que te tocará esperar a que vuelva a tener ganas de escribir algo nuevo aquí.

    De momento estoy tan entusiasmada con 'De corazón' que ya voy por el tercer capítulo <3 y creo que para septiembre la tendré acabada. Por eso no quiero saturarme mucho a escribir, prefiero centrarme en una, y de momento la única que me inspira es 'De corazón'

    Besitos Kat! :)

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Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

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