26 de noviembre de 2012

Coconut - V Capítulo: Despedidas

Ulani recorrió las calles hasta su casa imaginándose lo que pasaría cuando Ariki le pidiera a Kupe que se fuera. Sabía que Kupe era capaz de cualquier cosa y tenía miedo de verse en la calle por no poder corresponder al amor de un patán como él.

Llegó a casa y ésta no tenía ninguna luz encendida, había un vaso de cristal roto en el suelo y huellas de barro por todo el salón. Supuso que el barro venía de la zona alta de la montaña, donde Ariki solía ir a practicar para sus rituales. Caminó hasta allí y se encontró a sus dos hermanos peleando con Kupe. Corrió a separarlos y acabó con una herida en el labio superior.

—¡Uli!, ¿estás bien? —preguntó Hori acercándose para levantarla del suelo.
—¿Por qué estáis peleando?
—¡Kupe quiere quitarnos la casa, Ulani! —gritó Ariki mientras esquivaba un puñetazo.
—¡Parad de pelearos!, ¡Paraad! —y todos obedecieron— Kupe, ya basta, sabes que no te quiero y que jamás vas a conseguir nada de mí. Entiéndelo, no me gustas, me gustan las mujeres... —la confesión dejó a Kupe boquiabierto.
—Lo dices para que me vayas...
—Lo digo porque es verdad y si lo piensas eso explicaría porqué nunca he querido ser tu novia ni la de ningún otro chico. De verdad, Kupe, no es mi intención herir tus sentimientos, pero no tienes ninguna posibilidad conmigo.
—Llevo años enamorado de ti y nunca me dijiste nada, podrías haberme ahorrado mucho dolor.
—Y podría haberme ahorrado yo el aguantarte, pero no lo hice porque no estaba preparada. Solo lo saben mis hermanos y desde hace muy poco. Por favor, vayamos a mi casa, te preparo algo de cenar y vuelves a tu casa con tus padres, ¿vale?
—No, no hace falta. Me marcharé ya mismo.

Kupe recogió su camiseta del suelo embarrado y se la colocó en el hombro mientras descendía por la montaña. Ariki, Hori y Ulani se abrazaron viendo cómo se iba y cuando empezó a llover, caminaron hasta su casa. Ulani agarrada del brazo de Ariki y dándole la mano a Hori.

Cenaron como cada noche, hablando de su trabajo, criticando a Inas y riendo a carcajadas. Se acordaron muchas veces de Kupe y se hizo el silencio. Luego Ulani, con la ayuda de Hori, recogió los cristales rotos y limpió las huellas de barro del suelo.

Al día siguiente, Ulani no tenía ganas de ir a la playa como cada mañana, así que durmió unas horas más hasta que Ariki la despertó. La primera vez en años, siempre era ella la que despertaba a sus hermanos. Ariki preparó el desayuno y Ulani se dejó consentir hasta que llegó al hotel y vio a Morelia salir de él con una maleta en la mano.

—Ulani, ¿estás bien?
—Sí, es solo que esa es la huesped de la que te hablé —le dijo a Ariki.
—Ve y despídete, ¡corre!

Ulani le hizo caso a su hermano y corrió hacia el taxi donde Morelia ya había metido dos maletas más.

—Así que esta es la última vez que nos vemos... —dijo Ulani acercándose.
—Ey, Ulani, ¿qué tal? Pues parece que sí.
—Me hubiese gustado tener más tiempo para hablar contigo.
—Puede que vuelva el año que viene, he visto que se están construyendo unas casas muy lujosas y caras en otra isla. Puede que ahorre un poco y me endeude para pagarla, pero me hace ilusión vivir aquí.
—¿En la Polinesia?
—Sí, muy cerca de Papeete, no recuerdo el nombre, pero las casas están dentro de la selva. ¿No es exótico?
—Lo es, supongo. Para mí es lo habitual.
—Claro, te has criado aquí... Ulani, no tengas miedo de ser quien eres. Olvídate de lo que puedan pensar de ti y vive tu vida feliz, hazlo por mí. Puede que nos veamos antes de lo que te imaginas.
—No tengo número de teléfono en mi casa, pero cuando vuelvas, podrías llamar al hotel y preguntar por mí. Yo lo cogeré y sabré que vienes a verme.
—No necesitas un teléfono, ya te digo yo que vendré a verte y seguramente a quedarme aquí, en una de estas islas.
—Pues entonces, hasta pronto.
—¡Hasta pronto, Ulani!

Ulani se dio media vuelta para dejar a Morelia subir al taxi e irse, pero Morelia volvió a llamarla y cuando Ulani se dio la vuelta, la tenía justo delante. Morelia le agarró la cara y se acercó a su boca. Las manos de ambas entrelazaron sus dedos con la melena de la otra, sus lenguas jugaban tímidas y sus cuerpos, lo más cerca posible, sentían el calor del otro. Aproximadamente un minuto después, Morelia se retiró avergonzada por su atrevimiento, pero Ulani sonrió y entonces ella también. Sin decir una sola palabra más, Morelia se metió en el taxi a esperar a Jarek y Ulani entró en el hotel con una sonrisa enorme. Se metió en la cocina y cocinó hasta la noche sin quejarse ni levantar la mirada. Ensimismada recordando su primer beso.

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