1 de diciembre de 2012

Disunity - III Capítulo: Confianza

Habían pasado ya dos años y siete meses desde la última vez que vi a Alexis. Ahora mi madre estaba saliendo con Jero, el entrenador de natación de su gimnasio. Era unos años mayor que ella y no había estado casado nunca aunque tenía un hijo unos años más pequeño que yo. A mi madre le gustaba mucho y se la veía muy ilusionada.

Yo vivía con mi padre desde que mi madre descubrió lo mío con Alexis. Mi padre tampoco lo aprobó y se asombró al enterarse. Le costó un tiempo aceptarlo, pero al menos con él era más fácil.

Mi padre también había rehecho su vida. Estaba saliendo con Rocío, una mujer de su edad que trabajaba en el ayuntamiento. No vivían juntos aunque muchas noches se quedaba con nosotros. Eso hacía a mi padre feliz y lo mantenía ocupado lo suficiente como para dejarme unas horas libres en las que irme a la librería.

Sí, a la librería. Mi vida había cambiado significativamente desde entonces. Me había centrado en los últimos años de instituto para aprobarlo todo con buenas notas y prepararme para entrar en una buena universidad. La novia de mi padre me ayudaba con eso porque yo quería estudiar algo de administración, de economía, contabilidad, gestión de empresas... y era justamente lo que ella había estudiado.

Un día me llevó a conocer su antigua universidad, caminamos muchísimo para llegar, aunque en realidad estaba cerca de casa. Cuando llegamos alguien la llamó por teléfono y ella se dio media vuelta para hablar mejor. Al cabo de unos minutos se acercó a mí y me dijo que volvería enseguida. Su trabajo muchas veces era así. Mientras ella no estaba pensé en aprovechar y dar una vuelta por las instalaciones y de camino a la biblioteca me lo encontré a él. A Alexis. En el sitio más inesperado y extraño para encontrarse a un ex. Si es que podía llamarle ex.

—¿Qué haces tú aquí? —pregunté sobresaltada y con la piel erizada.
—A veces vengo aquí, es una biblioteca pública a pesar de estar dentro del campus. ¿Qué haces tú aquí?
—Tengo pensado estudiar aquí.

Me miró durante unos segundos, examinando mi rostro, mi postura y diría que hasta mis palabras.

—Estás mayor, Nadia.
—Tú también.
—¿Cómo está tu madre?
—Bien, la última vez que la vi estaba bien.
—¿La última vez? ¿dónde vives ahora?
—Aquí cerca con mi padre.
—Pensé que le odiabas por abandonarte, ¿por qué te mudaste con él?
—Porque mi madre se enteró de lo nuestro —su expresión de repente cambió y se puso pálido.

Se sentó en uno de los tantos bancos de madera que hay por el campus y a lo lejos vi acercarse a Rocío. Me pidió disculpas, me dijo que se tenía que ir y yo le dije que no se preocupara. La verdad es que vivíamos cerca de la universidad y no necesitaba volver en coche.

—¿Quién era esa? —preguntó Alexis que se estaba acomodando en el banco.
—La novia de mi padre —dije acercándome a él y sentándome a su lado.

Entonces Alexis cogió mi mano y la apretó, me dijo que sentía mucho como había terminado todo y que mi madre se hubiera enterado. Me acarició la cara y sentía muchísimas ganas de besarle, pero me frené. No quería volver a cometer el mismo error de hace casi tres años. Él notó mi rechazo en mi cara y en mis gestos, quizás en el tono de mi voz o en mis palabras. El caso es que se levantó, cogió los libros que había sacado de la biblioteca y se marchó.

Al verlo alejarse de mí me acordé de cómo me había alejado yo de él tres años atrás. Ni siquiera lo había mirado a los ojos antes de irme. Debió de sentirse miserable. Y ahora que sabía que después de eso mi madre se había enterado y yo me había tenido que mudar, debía de estarse sintiendo peor. Y qué podía hacer yo. Podía correr hacía él, decirle que le quería, que siempre lo había hecho o quedarme ahí sentada en ese banco esperando a que desapareciera por completo y luego levantarme e irme a casa.

Opté por lo segundo. En el fondo pensaba que era lo mejor. Él ahora tenía treinta y seis años, yo diecisiete, casi dieciocho dentro de unas semanas. Estaba a punto de empezar una carrera y dentro de cuatro años, cuando la hubiese terminado, estaría trabajando en algo que me guste y quizás teniendo la familia que siempre he soñado. Si corría hacia Alexis jamás recuperaría la confianza perdida con mi madre, jamás podría casarme con él y tener una familia ni hacer nada de eso.

Finalmente me levanté y me dirigí a la biblioteca, quería verla antes de irme. Había una exposición sobre la novela negra y la investigación policial, hablaban de Edgar Allan Poe y no pude evitar pensar en Alexis. Cuando lo vi marcharse llevaba un libro de este escritor. Quizás tenía pensado quedarse a la exposición cuando se topó conmigo. Los siguientes veinte minutos se me pasaron volando pensando en él y cuando la exposición se acabó y comenzaron las preguntas me levanté y salí de nuevo afuera.

—No sabía que te interesara esta clase de literatura —dijo sorprendiéndome Alexis por detrás.
—Pensaba que te habías ido... ¡te vi irte!
—Volví a por la exposición, no es que sea un gran lector pero el tema de la investigación policial me interesa, ya sabes.
—Sí, ya sé —sonreí sin despegar los labios y entonces Alexis me miró fijamente, se acercó a mí y me besó.

Fue un beso tierno al principio, pero que poco a poco fue evolucionando en algo apasionado. Estábamos solos y nadie podía ver cómo nuestras bocas abrirse y cerrarse con tanta maestría. Había echado mucho de menos sus besos, sus manos en mi cuerpo, su calor. Y cuando nos despegamos me mareé como si acabara de bajarse de una montaña rusa. Nos miramos a los ojos y salimos de allí.

Ahora Alexis se había mudado a otra casa más pequeña. Ya no vivía con Jessica, de la que se había divorciado poco después de que naciera el niño. Entramos y me fijé en la decoración tan masculina y minimalista, casi daba pena. Luego me llevó en volandas hasta su habitación y me tumbó sobre la cama.

No puedo describir lo que sentí en ese momento. Era como vivir de nuevo. Como si en los dos años y siete meses que hacía que no estábamos juntos, hubiera estado sonámbula. Y ahora estaba muy despierta y con muchas ganas de él. De su cuerpo, de su lengua, de su respiración entrecortada en mi cuello mientras me embestía con fuerza y pasión, pero a la vez con amor y delicadeza.

Sentía calor en las mejillas y en todo mi cuerpo. Era una sensación liberadora y podía decir que él estaba sintiendo lo mismo al tenerme en sus brazos, sentada sobre su regazo o cabalgando sobre él.

A poco de estar encima noté en sus ojos y en la tensión de los músculos de sus piernas que estaba a punto de correrse. Pero no lo supe con exactitud hasta que agarró mis nalgas, las apretó y gimió volteando hacia atrás los ojos. En ese momento de éxtasis en la cara de Alexis no pude evitar correrme yo misma.

Recuerdo que esa tarde llegué a tarde a casa. Rocío no estaba y mi padre trabajaba hasta tarde así que nadie notó mi ausencia. Me duché y me fui a la cama. También recuerdo que esa noche no pude dormir porque la pasé chateando con Alexis hasta bien entrada la madrugada. Como dos locos adolescentes enamorados. Solo que la adolescente era yo, no él.

0 comentario{s] picante{s}:

Publicar un comentario

Hello, hello ~ Espero que tu comentario sea igual de picante que mi entrada.

¡Gracias!