28 de diciembre de 2012

Palomas sin alas I

—Rose, deja de fingir ya que Adam no te gusta, nos confesaste que sentías algo por él en segundo.
—Sí, pero ya ha pasado un año y, chicos, Adam ya no es el mismo.
—Llevas mucho tiempo sin novio, Adam es nuestro amigo, Rose, a nosotros no nos importa que salgáis juntos.
—¡Pero es que no vamos a salir! Además, yo ya estoy con alguien. Así que cuando Adam regrese, no ocurrirá nada entre nosotros.
—¿Desde cuándo estás saliendo con alguien y por qué no nos habías dicho nada? —preguntó mi mejor amiga Natalie con incredulidad.
—Desde hace dos semanas y porque no quería que nadie lo supiera todavía.
—¿Ni siquiera nosotros?
—Lo siento, Natalie.
—Bueno, da igual... al menos cuéntanos cómo es el afortunado, ¿te trata bien?
—Que sí, ¿por qué siempre desconfías de mis parejas?
—Bah, yo no desconfío de nadie, es que tienes muy mal gusto, hija, solo me preocupo de que no metas la pata otra vez.
—Eso es verdad —dijo riendo Joyce, el que empezó la conversación sobre Adam, y mi mejor amigo.
—No sabéis de lo que habláis, la persona con la que estoy es distinta a todas las demás, es simpática, atrevida y con un sentido de la ironía muy parecido al tuyo, Joyce. Seguro que te caería bien, porque ella es tan... tan natural y despreocupada.
—¿C-cómo?, ¿has dicho ella? 
—Oups, mierda...
—¿Pero qué coño, Rose? Pensaba que confiabas en nosotros, somos tus amigos, joder.
—Vale, vale, está bien. Lo siento mucho, Natalie, pero no es tan fácil, ¿vale?
—Lo sé —se apresuró a decir Joyce para echarme un cable con Natalie.
—Pero es que... y todo este tiempo juntas, en mi casa, en mi cama... ¡Ay madre!
—¡Basta! Que me gusten las mujeres no significa que me gusten todas las mujeres del mundo, pensaba que tú lo entenderías, igual que entiendes a Joyce, ¿o qué coño te pasa a ti ahora?
—Es que me enfada que me lo hayas ocultado.
—Es que no lo sabía hasta hace dos semanas, ¿vale? Ha sido todo muy raro para mí también.
—Natalie —intervino Joyce de nuevo— se más comprensiva con ella, por favor. Nuestra amistad está por encima de todo esto, siempre hemos estado los tres juntos para todo... ¿o no?
—Sí, pero —Natalie suspiró— da igual... Sigue contándonos cómo es tu princesita, cómo se llama, dónde vive y esas cosas...
—Es mucho más alta que yo —mis amigos se rieron, cualquier persona es más alta que yo— es rubia, delgada... pero no de estas que dan miedo y parecen anoréxicas, Lilith tiene un buen culo y unas buenas tetas —enrojecí ante la confesión, pero mis amigos lo ignoraron por mi propio bien— tiene los ojos verdes y muy grandes, pero no saltones, solo grandes. Tiene los dientes perfectos y un piercing en el labio inferior y en la lengua. Y le va el rollito friki como a mí, incluso le gustan las mismas películas que a mí... es como yo, pero en la versión mejorada.
—¡Vaya! —dijeron al unísono Joyce y Natalie— Así que esa tal Lilith, —continuó Natalie— te tiene bastante enamorada, ¿no?
—No lo sé, estamos conociéndonos todavía.
—Pues pareces bastante enamorada, cariño —dijo Joyce— ¿y qué?, ¿ya lo habéis hecho...?
—¡Joyce!
—¿Qué pasa, mi amor? Contesta, que estamos en confianza...
—No, aún no. Hemos quedado esta tarde y estoy nerviosísima...
—Cuenta, ¿te has depilado bien?
—Joyce, a veces eres un impertinente. Sí, estoy bien depilada, pero ese no es el problema.
—¿Cuál? —preguntó Natalie.
—Que es mi primera vez con una tía, ya sabes... Realmente perdí mi virginidad con Alfred a los 18, pero estoy descubriendo mi sexualidad ahora, ya sabes a lo que me refiero.
—Sí que sabemos, debe de ser muy aburrido hacerlo siempre con el mustio de Alfred durante tanto tiempo.  Yo tengo una regla de oro con los hombres, mi vida, si no saben bailar, no saben follar... y a tu Alfred le faltaba un salero que daba miedo. Menos mal que lo dejaste con él.
—Me dejó el a mí, y por una brasileña, pero bueno.
—Seguro que ella sabrá llevarte y cuando pierdas la vergüenza y el miedo, estará chupado —dijo Natalie, e inmediatamente después Joyce comenzó a reírse a carcajadas.
—¿Qué? —preguntamos Natalie y yo mirándonos sin saber dónde estaba el chiste.
—Sí, mis amores... estará todo chupadísimo... 
—¡Dios! Eres insoportable —dije mientras me levantaba, aunque por dentro me hizo mucha gracia—. Hablando de Dios, nadie puede saber esto que os acabo de contar. Los padres de Lilith pertenecen a una Iglesia evangelista del no sé qué, algo muy raro, casi como una secta. Se morirán si lo saben.
—Tranquila, no diremos nada —prometió Natalie— ¿Tus padres lo saben? 
—Ni loca les contaría nada, no quiero salir del armario hasta que no vea que la relación va en serio, ¿entiendes? No quiero decirle a todo el mundo que me gusta una mujer, aguantar las miradas por encima del hombro y las malas palabras, para que luego Lilith y yo no duremos ni dos días juntas. Quiero estar segura —volví a sentarme.
—¿Y dónde habéis quedado hoy?
—En su casa, sus padres se fueron esta mañana a un viaje que organizaba la Iglesia, ella dijo que tenía que estudiar y logró quedarse en casa. Sus padres no regresan hasta mañana al mediodía.
—¡Qué romántico! —gritó Joyce alzando los brazos— ¿y qué tienes preparado?
—¿Preparado para qué?
—Pues para vuestro jueguecito sexual, cariño, que pareces tonta. ¿Un vibrador, un dildo de esos... unas esposas, al menos?
—Bueno, yo... compré un par de cosillas el otro día y las tengo escondidas en el armario.
—¿Cuáles?
—Un caja en forma de corazón... se llama Corazón Romántico Lésbico.
—¡Uy! Conozco esos corazones, son geniales, fantásticos... pero me conozco todo lo que hay dentro.
—¿Has hecho los cien retos?
—Sí, me parece que tendré que empezar de nuevo por el primero, pobre de Luke —Luke es el novio de Joyce.
—Pues, como ella para mí es mi primera novia, pero yo para ella no, supuse que tendría algún vibrador o algo. Pero no quiero usar uno que haya usado ella antes con alguna de sus ex-novias, así que compré uno barato y un poco de lubricante.
—No pierdes el tiempo... —dijo Natalie con cierto retintín que no se me escapó, la seguía notando molesta.
—Hablando de tiempo, quedé con ella dentro de una hora. ¿Puedo pediros un favor?
—El que quieras, Rose de mi alma.
—¿Podéis cubrirme y confirmarle a mis padres que dormiré esta noche con alguno de vosotros?
—Diremos que te quedarás conmigo —dijo Natalie.
—Gracias —sonreí, pero ella no me devolvió la sonrisa.
—Venga —dijo Joyce— que te llevo en coche a ver a tu Lilith...

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